La Laguna Ahora por España de Fiesta y celebraciones de octubre: La Fiesta de la Transhumancia de Madrid

Cuando las ovejas toman las calles de Madrid. Este año está previsto para el domingo 25

Una vez al año, Madrid vive una escena extraordinaria: cientos de ovejas y algunas cabras recorren sus calles históricas, sustituyendo durante unas horas el ruido habitual del tráfico por el sonido de los cencerros y los balidos de los animales.

Es la Fiesta de la Trashumancia, una celebración que recuerda una de las actividades ganaderas más antiguas de la península ibérica y reivindica la importancia de conservar los caminos tradicionales por los que durante siglos han transitado los rebaños.

El paso de los animales por el centro de la capital constituye un espectáculo sorprendente para vecinos y visitantes, pero también transmite un mensaje fundamental: la ganadería extensiva, la conservación del paisaje y las tradiciones rurales forman parte de nuestro patrimonio.

Una tradición con siglos de historia

La trashumancia consiste en el desplazamiento estacional del ganado entre diferentes zonas de pastoreo. Durante los meses cálidos, los rebaños aprovechan los pastos de montaña, mientras que en invierno se trasladan hacia regiones de clima más suave.

En España, estos desplazamientos se realizan tradicionalmente por las cañadas reales, amplios caminos ganaderos que conectan territorios situados a cientos de kilómetros de distancia.
En 1273, Alfonso X el Sabio reconoció institucionalmente el Honrado Concejo de la Mesta, organización que desempeñó un papel decisivo en la regulación de la actividad ganadera trashumante.

La trashumancia no solo proporcionaba lana, carne y otros productos. También favorecía el intercambio cultural y económico entre distintas regiones. En 2023, la trashumancia fue inscrita por la UNESCO en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, dentro de una candidatura internacional.

Madrid recupera sus antiguos caminos ganaderos

La fiesta moderna comenzó en 1994, impulsada por la Asociación Trashumancia y Naturaleza, para reclamar la protección de las vías pecuarias españolas. Un año después se aprobó la Ley 3/1995, de Vías Pecuarias.

Uno de los momentos más representativos de la celebración tiene lugar ante el Ayuntamiento de Madrid, en Cibeles. Allí se recuerda la Concordia de 1418 mediante el pago simbólico de 50 maravedíes por cada millar de cabezas de ganado, evocando los antiguos derechos de paso de los pastores por la villa.

Una fiesta que también protege la naturaleza

La trashumancia desempeña importantes funciones ecológicas. El desplazamiento de los animales favorece la dispersión de semillas, ayuda a mantener los pastizales, contribuye a reducir la acumulación de vegetación combustible y mantiene conectados distintos espacios naturales.

Además, conserva conocimientos transmitidos de generación en generación: el manejo de los rebaños, el uso de los mastines, la elaboración de productos artesanales y la interpretación de los ciclos de la naturaleza.

Sin embargo, esta forma de vida se enfrenta a dificultades como la falta de relevo generacional, el coste de los pastos y las condiciones de trabajo de los ganaderos.

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