La Laguna Ahora por España de fiesta en fiesta: La Processó deis Tres Toes con San Anton en Ciutadella (Menorca)

El ritual cívico-religioso denominado Processó deis Tres Toes es la representación plástica de la entrada de las tropas del rey Alfonso III a la Medina Menurqa, capital de la Menorca árabe , en el año de 1287. La formación de los integrantes de la procesión es mixta .

En primer lugar, las altas jerarquias eclesiásticas de la diócesis invitan a una misa solemne la mañana del 17 de enero , en la catedral (erigida en Gutadella ), a las autoridades autonómicas, insulares y municipales, así como al pueblo en general. El oficio religioso, con banda y música, lo preside el obispo titular, y con él concelebran numerosos presbíteros. Al concluir la misa, y ya como segunda fase, se forma a las puertas del templo la comitiva que deberá componer la procesión: una comitiva mixta de las autoridades políticas y las eclesiásticas. La peculiaridad reside en el hecho de sacar a hombros una talla de San Antonio cumpliendo un itinerario muy preciso, repetido a lo largo de los siglos. Saliendo de la Catedral, la comitiva recorre un trazado urbano que coincide con un sector sobre el cual se levantaba parte de las murallas medievales. Así, todos los componentes (corporación municipal, personalidades políticas y jerarquía diocesana) desfilarán hasta llegar al lugar donde se encontraba la puerta de entrada a la vieja ciudad árabe: la actual plaza de Alfonso III. Allí, como punto culminante del ritual, se reproducirá la ceremonia más esperada de la procesión: dar tres golpes con el asta del llamado Pendón del Rey sobre una baldosa en la que figura dibujada la Tau del escoltada la corporación por guardias de gala. A esta formación corporativa también concurrirán, a pie, los tres concejales ataviados con el frac. En el templo catedralicio, la bandera ocupará un lugar destacado en el altar, mientras dura el oficio religioso. Al terminar éste, toda la corporación tomará la bander a sobre el hombro, disponiéndose en fila de a uno. Así dispuesta, en posición horizontal, la bandera será sacada por la puerta lateral de la Catedral. Al asomar la punta de la misma por la escalinata, la banda de música, dispuesta en la plaza, sonará el Himno Nacional de España. A continuación, los tres concejales de frac, uno a uno, montarán a lomos de sendos caballos que les son ofrecidos en la puerta. El de mayor edad de los tres recibirá la bandera, para llevarla con mucha solemnidad a lo largo del trayecto urbano que recorrerá la procesión. Las cabalgaduras se situarán de mayor a menor edad de los respectivos jinetes. Asi que echarán a caminar los caballos, terminará de formarse la procesión cívico-religiosa para verificar el trayecto de ida. Llegados junto a la baldosa de la Tau, un macero facilitará de nuevo la bandera al concejal de menor edad, para que sea éste, preceptivamente, quien ejecute el ritual de los tres toques. En la plaza de Alfonso III, en esos momentos, en medio de una aglomeración ingente de público, el silencio será denso y respetuoso. Todos desearán escuchar nítidamente, uno a uno, los tres golpes del asta sobre la cerámica que se conserva fijada al pavimento.

El orden de la procesión por parte de las delegaciones políticas y religiosas, así como los atributos edilicios que exhibirán los concejales (medallas al cuello y alfiler de solapa), etcétera, son detalles que están sujetos a unas prescripciones de etiqueta protocolaria muy rigurosas . También el edificio consistorial se verá engalanado con adornos y simbolos de inexcusable uso: gallardetes en las cornisas, el cuadro del rey Alfonso III colgado del balcón principal, domases en los antepechos de los ventanales, etcétera. Todo ello como prueba que la fiesta de San Antonio suponga, para el caso de Menorca, un ejemplo de festividad para el orden y el rigor, en lugar de representar la subversión de la rutina y la normalidad social, como sí sucede en otra tipología festiva.

Como último aspecto a reseñar, digamos que, frente al trascendentalismo de la Processó deis Tres Toes, la celebración de San Anton io conoce, también en Ciutadella, un contrapunto. Es el mercado de la plaza que lleva el nombre del Santo. Una tradición popular de varios siglos ha formado un costumbrismo que completa la radiografía antropológica de la celebración. De una etiología probablemente payesa, a primera hora de la mañana gentes del campo se apostaban bajo los soportales del hospital municipal de la villa; un centro de acogida con funciones de hospicio que habla sido construido sobre los cimientos de un viejo convento de antoninos. Allí, los payeses ofrecían a la concurrencia productos naturales como naranjas , dátiles y palmitos. Esto es, los mismos frutos de los que san Antonio se alimentaba en sus retiros penitenciales en el desierto de Tebaida. También se ofrece, custodiado en un coralillo, un cerdito lechón, para ser rifado entre las personas que pasean por la plaza. Hoy se realiza un sorteo puro y simple, pero, en origen, era un sistema de recaudación de dinero con destino a los asilados del hospital. El encuentro de pú blico se prolonga toda la mañana. Cuando ha concluido la procesión, la banda ofrece allí un pequeño concierto, a la espera de que lleguen los miembros de la corporación municipal (y demás autoridades políticas), para verificar la visita oficial a los asilados. El alcalde y concejales saludan a los ancianos y los acompañan un rato. El centro asistencial, entonces, les ofrece un aperitivo, en cuyo menú no puede faltar nunca, inexcusablemente, el caldo de gallina, servido bien caliente. Se denomina «es brou de Sant Antoni», y hay que entenderlo como una reminiscenia de la antigüedad , cuando, tomar caldo de gallina, era, para los pobres, prueba de máxima exquisitez, de dis frute de un almuerzo sabroso, nutritivo y desacostumbrado.

Actualmente, Ciutadella conserva con toda pulcritud la tradición del Santo de enero, en un ejemplo de ritual festivo para la cohesión y el orden. Es decir, para conservar la idiosincrasia y las raíces de la identidad histórica propia. El sentido de semejante gesto es proclamar a los cuatro vientos que, en su día, las huestes triunfales del rey cristiano, sin apenas oposición sarracena, y amparadas en la protección de San Antonio , exigieron la inmediata rendición de la medina de Menorca. Verificados los tres toques, el obispo, con el clero y el pueblo, entonarán un Te Deum en acción de gracias, mientras regresará todos a la Catedral, para dar por concluida la Processó deis Tres Tocs.

Es de notar, sin embargo , que la exhibición y uso público del pendón sigue una escrupulosa prescripción protocolaria. Antes de las fiestas de Navidad de cada año, la corporaciónmunicipal de Ciutadella habrá elegido a tres de sus miembros para que actúen de « cavatlers» en la procesión. Los tres marcharán a caballo y ataviados con frac negro y sobrero blcornio, formando parte de la comitiva que lleva a cabo el desfile procesional. La mañana del día 17 de enero, el pendón saldrá de la casa consistorial (donde se custodia todo el año) portado por el concejal de menor edad, siempre en medio de gran solenmidad y etiqueta corporativa por parte de todos, bajo mazas y de que lleguen los miembros de la corporación municipal (y demás autoridades polít icas), para verificar la visita oficial a los asilados. El alcalde y concejales saludan a los ancianos y los acompañan un rato.

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