La Laguna Ahora de fiesta en fiesta: Los carnavales más antiguos de España (y II)

Los carnavales de Torla-Ordesa (Huesca)

Torla, en el alto valle del Ara y puerta del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, ha mantenido también su Carnaval tradicional. Incluso, trabajando con los más ancianos de la zona, ha rescatado recientemente uno de sus elementos principales: el juicio a Carnabal.

Quizás el rasgo más peculiar de este Carnaval, el que lo diferencia de los demás, es el hecho de que las faltas y culpas de los vecinos se representan en un ser vivo, una persona de carne y hueso, frente a los muñecos de Chistau, Belsa o Nerín. Este hecho conlleva que el juicio y muerte del «Carnabal», pues así se llama el personaje, cobre mayor emoción e inquietud.

Días antes llegan los rumores de que se ha visto a «Carnabal» en lugares próximos a la población, normalmente en los montes de Ordesa. Finalmente será apresado y capturado por el tenedor, personaje encargado de vigilarlo y llevarlo atado con una cuerda.

«Carnabal» es representado por uno de los mozos del pueblo, que se viste con sacos y pieles que le cubren espalda y cabeza; sobre ésta se colocan dos pares de cuernos de diferente tamaño que le dan un aspecto macabro y horripilante. Cuando llega a Torla, le está esperando un numeroso grupo de personas, todas ellas ocultas tras un disfraz, para recitarle un romance que narra cómo va a ser juzgado y muerto para pagar sus culpas.

El tenedor paseará a «Carnabal» por las calles del pueblo. El personaje asusta a los niños e intenta escapar continuamente. Después de «bien farto y con buenos tragos de más», se procede a hacerle un juicio popular, acusándole de todas las desgracias acaecidas durante el pasado año, por ejemplo: «te acuso de que este año nos vuelva a faltar agua en o lugar» y Carnabal intenta defenderse pero siempre sin éxito: «del agua no me acuséis, pues yo no la pruebo en to l’año, lavarme no me lavo y si la bebo me hace daño».

Después de numerosas acusaciones, un tribunal compuesto por un juez y el clero que se denomina «de la Santa Inquisición» lo condena a muerte, dándole una última voluntad que, generalmente, suele ser besar a una moza.

A continuación, se le relatan una serie de dichos, acotándole todos los lugares por donde se puede escapar y, acto seguido, se encañona a «Carnabal» y se procede a su muerte ficticia para dar paso al baile y a la fiesta.

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