La Laguna Ahora de fiesta en fiesta: El Carnaval de Cobres en Vilaboa, Pontevedra
Es uno de los más vistosos y participativos de Galicia. Su origen se remonta a principios del siglo XVIII y debe su actual vigencia a la tradición oral, transmitida de generación en generación. Está declarado de Interés Turístico.
La corrida del gallo, en el carnaval de cobres
El día estrella es, sin lugar a duda, el Martes de Carnaval , festividad local. Por la mañana, las “Madamas” y “Galáns” cerrarán su recorrido para celebrar, por la tarde, la tradicional Corrida del Gallo; la cual comenzará en el momento en que las “Madamas” y “Galáns” hagan su entrada en el recinto de fiestas con sus músicas y bailes tradicionales. En aquel momento dará comienzo la fiesta en la que participa la juventud del lugar, compitiendo y concursando en diferentes modalidades de juegos populares tradicionales, del que sin lugar a duda destaca la “Corrida do Galo” tradición que se mantiene solo en Cobres.
La Corrida del Gallo es el acto principal de este gran día, donde ya antes los miembros de la comisión recorrieron todos los gallineros en la busca del mejor gallo, poniendo a disposición “dos vellos” quienes son los encargados de cuidar del gallo y vigilando que nadie se lo lleve. Estos “vellos” de la corrida, guardianes del gallo, sin un ropaje propio, con la cara cubierta como bien puedan, y armados con palos, estacas, «fungueiros»… bajan con el gallo con las patas atadas y hacen como si lo enterraran en un agujero hecho para tal evento, tapándole con tierra tan sólo las patas.
Pero es el ceremonial del martes de Cultura por la tarde el que centra nuestro interés. En el campo de fiestas había un palco o púlpito de madera adornado con mimosas, el público rodeaba expectante las madamas y los galáns que bailaban al son de la música de los gaiteros. En un momento dado, los gaiteros salían a buscar a los «Vellos do Entruido» que traían el gallo con ellos. En una poza enterraban el animal, dejádole la cabeza fuera, y alrededor efectuaban la danza.
De repente, de entre el público o incluso de entre los propios socios, arrancaba alguien a correr, agarraba el gallo por la cabeza y escapaba a toda velocidad. Los Vellos, atentos y armados con horquillas, perseguían al atrevido y recuperaban el plumífero protagonista del Carnaval. El ímpetu y la agresividad en la respuesta de os Vellos variaba claramente dependiendo de si los ladrones eran de la propia parroquia -con los que eran tolerantes- o si eran de las parroquias limítrofes -con los que exhibían a base de golpes su intransigencia brutal.
Volveremos más adelante a este punto, al ponerlo en relación con las pugnas por los Mecos. Aparecía después en escena el predicador, también disfrazado, que desde su púlpito lanzaba el Sermón del Gallo y mordaces críticas en verso contra los vicios de los vecinos. Pero el público no era una figura pasiva, sino que, como verdadero crítico literario, respondía activamente agitando el palco hasta hechar abajo a aquel que los insultara momentos antes: la licencia concedida a este enmascarado para traspasar límites (verbales) quedaba revocada.
Y llegamos al clímax: el sacrificio del gallo. En 1991, el gobernador civil Parada Mejuto prohibe este rito que ya desde los años 40 se fuera diluyendo hasta quedar completamente diluido. Tuvieron que acudir en nuestro auxilio los recuerdos de los más viejos de la parroquia para recomponer el escenario “original” y dar sentido al lienzo. Confieso que el estupor fue mayúsculo al descubrir que eran las madamas las que “con un sable de madera” le quitaban la vida al gallo.
