La iglesia de Santo Domingo de Guzmán en La Laguna

La iglesia forma parte del antiguo convento de Santo Domingo que, fundado en el siglo XVI por el vicario provincial Fray Domingo de Mendoza, dejó de usarse como tal en el XIX, durante la desamortización de Mendizabal.
El 12 de julio de 1527 se hace mención en las Actas de Cabildo del convento que se estaba fabricando, fundado por los dominicos. En el solar que acababan de adquirir existía ya una ermita de la Concepción, que fue la que les sirvió primero de iglesia y alrededor de la que se fue desarrollando el convento. El segundo Adelantado, don Pedro Fernández de Lugo, cedió en 1529 un pedazo de tierra para su ensanche.
En nuestros días, el templo ha sufrido numerosas e importantes reformas. El piso de mosaico que se dispuso entre 1906 y 1927 ha hecho desaparecer algunas de las lápidas sepulcrales más curiosas que llenaban su suelo. En 1943 se suprimieron los altares de la pared de la Epístola para dar lugar al gran fresco que ocupa toda la pared.
Pictóricamente cabe mencionar especialmente los frescos que cubren casi la totalidad de las paredes. Unos fueron pintados por Mariano de Cossío (1880 – 1960) en 1948 y representan la Virgen del Rosario, los milagros de la Virgen de Candelaria y el triunfo de la batalla de Lepanto. Entre los rostros de los representados se puede reconocer a conocidos personajes tinerfeños, especialmente laguneros. Otros, de Pedro de Guezala, que representan la Predicación Dominica, están realizados en 1960 y se encuentran inconclusos debido a la muerte de su autor.
Sobresale asimismo la piedra bautismal que, traída en 1847 desde la antigua iglesia de Los Remedios, es de cantería de la isla, bien labrada y aparentemente muy antigua. Si es cierta la tradición, en ella fue bautizado el Padre José de Anchieta, Apóstol de Brasil. También podemos ver la tumba del corsario Amaro Rodríguez Felipe, conocido como “Amaro Pargo”, gran benefactor de esta iglesia, así como las de sus padres.
En el apartado de orfebrería, destaca su altar mayor – de chapa de plata repujada -, el Sagrario y la bellísima Custodia. Ésta es obra de Ildefonso de Sosa, según diseño del pintor y escultor José Rodríguez de la Oliva; su soporte está constituido por la figura de Santo Tomás de Aquino, elegido para este menester por ser dominico.
