La Fuga de San Diego en el recuerdo: Julio Torres Santos

“La Fuga de San Diego” del curso 69-70
Tengo que decir que empecé a fugarme al llegar al Instituto; antes era imposible, pues estudiaba en “El Ángel de la Guarda”, con dos buenas maestras y mejores directoras Marina y Emiliana. Salimos del Instituto sobre la nueve de la mañana para ir a San Diego a contarle los botones a don Juan de Ayala y luego volvíamos cantando la célebre canción «Me puse a lavar un negro» hasta «Artillería la vieja». Después de degustar las garbanzas y el vino con vino y de darle la «lata» a don Francisco, ibamos al baile que se celebraba, sobre las dos de la tarde, en la cancha Anchieta. “La comitiva”, encabezada por Domingo Barbuzano a la guitarra, José Antonio Mora con el banjo y el multifacético «Churruco» a la armónica, bajaba la calle de San Agustín hasta la cancha. Más tarde, desde el baile, al grito de “todos a los patos de La Catedral a cantar canciones subversivas», evidentemente para tocar las narices a los «guindillas» de la época (la más que les fastidiaba era «No nos moverán» a las que le cambiábamos la letra que me reservo) También se cantaban muchas canciones de «Los Beatles», «Los Brincos», «Pop Top”, «Miguel Ríos» y por supuesto «la Samba» e «India» , ésta última con “la voz Trueno» de Enrique Oliva. A veces había algún guateque en algún sitio donde “El Cuijo” siempre pescaba algo; también recuerdo en ese día ver cantar a la Tuna por las calles.
Para terminar la “jornada” y antes que subieran los “grises” desde Santa Cruz, hacíamos una ineludible “última visita” al «Dos y una», donde nos «mandábamos» el correspondiente bocadillo de papas con salsa preparado magistralmente por Don Pancho. Desde luego todos ese día nos atrevíamos a acercamos a las chicas, e incluso a decirles alguna tontería y ¡cómo no! preguntarles si asistirían al baile o no, pues otro día, sin el vino con vino, la timidez y represión no nos permitía pasarnos ni un ápice.
