LA ERMITA DEL HOSPITAL DE SAN SEBASTIÁN UN TESORO EN EL INTERIOR DEL ASILO LAGUNERO (II)

Por Julio Torres Santos

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A lo largo de su historia el hospital y la ermita estuvieron al cuidado de diversas órdenes, como los padres franciscanos o los betlemitas, existiendo incluso una cofradía de San Sebastián, cuyo primer mayordomo, Alonso Fernández de la Fuente fue designado el 1 de agosto de 1519. Y es que la existencia del hospital fue siempre precaria, luchando con la falta de fondos y contra el desaliento que ésta generaba; incluso los obispos García Ximénez –segunda mitad del s. XVII- y Lucas Conejero –1720- señalaron que su institución resultaba inútil, que su administración era defectuosa y contraria al derecho, por haberse designado por patrono al Cabildo, sin intervención alguna de la autoridad eclesiástica. La situación llegó a tal punto que, después de 1820 el hospital quedó cerrado durante varios años, por falta de fondos. Por decisión de la Diputación Provincial de 8 de junio de 1837, fue reunido interinamente al hospital de Dolores, posición que no duraría mucho.

Posteriormente, el hospital de San Sebastián pasaría a servir durante algunos años de casa cuna, de cuartel y de casa de habitación para la vecindad; hasta que el Ayuntamiento lo mandó a derribar el 16 de agosto de 1870. Las imágenes del templo fueron llevadas al sagrario de la catedral.

A los pocos años, por contribución de los vecinos, la iglesia se volvió a edificar. En 1897, al llegar a Tenerife dos hermanas de la congregación española de los Pobres Desamparados –curiosamente, pues, el centenario de su llegada coincide con el quinto centenario de La Laguna-, se les confió la administración de los restos del antiguo edificio del hospital, de su plaza y ermita, para el asilo de ancianos. En la década de los sesenta, se construye, en torno a la ermita, el actual edifico del asilo, desapareciendo toda edificación anterior, así como la plaza. Actualmente está administrado por religiosas de la mencionada congregación, dispone de 116 camas y se sostiene, en parte por las pensiones de los asilados y, en otra parte, por subvenciones del Cabildo, del Ayuntamiento lagunero y del Gobierno de Canarias. Aportaciones todas que, si bien mantienen su existencia, no permiten acometer las necesarias reformas.

Si bien el edificio de la ermita, reedificada en la segunda mitad del s. XIX, no ofrece mucho interés, sí cabe destacar su artesonado mudéjar, característico de las ermitas de la ciudad. Asimismo, en su interior conserva algunos lienzos y tablas muy importantes.

En la pared izquierda, mirando al altar mayor, se encuentra un retablo del Sagrado Corazón de Jesús, en el que han sido incluidas dos tablas antiguas, probablemente del s. XVII, que representan a San Pedro de Alcántara y a Santa Teresa de Jesús. A mano derecha, en la misma pared, se halla un lienzo, también antiguo, que representa al Señor Difunto.

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