La «Adoración de los Magos al Niño Jesús», en la parroquia matriz de Nuestra Señora de la Concepción de La Laguna desde finales del siglo XVII

Pablo Hernández Abreu

Es una obra de gran formato, actualmente situado en la capilla principal de la nave de la epístola del templo lagunero. Se trata de un óleo sobre lienzo del tercer cuarto del siglo XVII; obra anónima de la que apenas existe información documental.

La pintura refleja el pasaje de la infancia de Jesús recogido exclusivamente en el Evangelio de San Mateo, aunque ha trascendido enormemente en la cristiandad y goza de gran popularidad. En él, unos magos llegados de Oriente, guiados por una estrella, se personaron en Jerusalén buscando al Niño que acababa de nacer. Tras presentarse ante Herodes, siguiendo la estrella llegaron hasta la casa y encontraron a Jesús con sus padres y, postrándose, le ofrecieron sus presentes: oro, incienso y mirra. Luego, tras recibir un oráculo en sueños para no volver a Herodes e informarle del paradero del Niño, regresaron a su tierra por otro camino.

El texto bíblico no da cuenta del número de magos que llegaron hasta Tierra Santa. Sin embargo, la tradición los ha vinculado con tres por el siguiente motivo: la fiesta de la Epifanía, que se conmemora cada 6 de enero, representa la manifestación de la grandeza de Cristo a todos los pueblos de la Tierra. La representación de los magos corresponde así a tres figuras, una por cada continente conocido en el momento —Europa, Asia y África—, vinculándose también los regalos a cada uno de ellos.

La pintura se ciñe al relato en varios aspectos. En primer lugar, podemos observar la escena de la adoración, que no está formada únicamente por los tres reyes y la Sagrada Familia, sino que los magos aparecen acompañados por una serie de personajes que actúan como súbditos o esclavos, conocidos coloquialmente como «pajes». Concretamente, la figura del hombre de color que sostiene los mantos de los tres personajes principales, así como los ropajes que porta, los cuales contrastan con los ricos atuendos del resto de los representados, así lo evidencian.

En el Evangelio de San Mateo se menciona que los magos entraron en una casa y encontraron al Niño y a su madre; sin embargo, en este caso la escena se desarrolla en un exterior, con abundante vegetación, como si se tratara de un encuentro casual a lo largo de un camino. Al fondo, a lo lejos, se aprecia la ciudad con el castillo de Herodes, enclave fundamental en el relato, así como la estrella que, a modo de cometa, surca el cielo. El hecho de que la escena se represente en un exterior permite al artista un mayor desarrollo del paisajismo, cuidadosamente detallado, combinando la arquitectura del fondo con distintos escenarios que ponen de manifiesto la destreza de su pincelada.

El detallismo de la pintura, tanto en los ropajes de los personajes como en la vegetación del entorno, así como en el castillo o ciudad ideal representada sobre la colina, constituye una de las principales cualidades de la obra. Este aspecto conduce inicialmente a pensar en una pintura flamenca, donde el detallismo es una de sus principales premisas, especialmente en la representación de los segundos y terceros planos. No obstante, un análisis formal más profundo orienta hacia otra opción, no tan lejana en la forma de representar, pero sí distinta en la mano ejecutora.

Todo parece indicar que se trata de la obra de un artista anónimo canario del tercer cuarto del siglo XVII, ya que, a pesar de sus claras influencias, la destreza de la ejecución no concuerda plenamente con la pintura flamenca llegada a Canarias durante esa centuria. Lo que sí resulta evidente es que el autor es deudor de estampas flamencas que circularon ampliamente gracias al intenso comercio artístico que conectó las islas con Flandes. Pinturas, esculturas y, especialmente, grabados llegaron a Canarias y condicionaron las obras que aquí se realizaban, por lo que el pintor debió de tener acceso a alguna estampa procedente del centro de Europa, algo habitual en la época.

Además, el gran formato del lienzo sugiere que se trató probablemente de un encargo destinado directamente a la donación al templo, y no de una obra particular legada con posterioridad, ya que resulta poco probable que una pintura de tales dimensiones se conservara previamente en una vivienda privada. En este sentido, y como ya señala el doctor Carlos Rodríguez Morales (2016, p. 206), podría tratarse de uno de los cuadros de gran formato donados a la parroquia de la Concepción por Catalina Delgado, formando parte de un mismo legado junto con el lienzo de La Circuncisión, también de gran tamaño y con clara influencia flamenca. Asimismo, la fecha de la donación, durante el tercer cuarto del siglo XVII, contribuye a esclarecer el posible momento de ejecución de la pintura, siendo éste el único dato documental disponible hasta el momento.

La ubicación del lienzo en la parroquia desde el momento de su donación constituye una incógnita, aunque con toda probabilidad no se corresponde con su emplazamiento actual. Deben tenerse en cuenta los importantes procesos de transformación sufridos por el templo a lo largo de su historia, especialmente las modificaciones llevadas a cabo por José Rodríguez Moure (1885–1936), que alteraron de forma sustancial el ornato interior. En consecuencia, el cuadro pudo haber ocupado distintas dependencias del templo según las necesidades de cada época, hasta quedar definitivamente ubicado en su localización actual. Lo que resulta evidente, dadas sus dimensiones, es que no se trata de una pintura concebida para un retablo, sino de una obra exenta, enmarcada y colgada directamente en una pared.

La obra fue restaurada en 2022 por Verónica González Pérez, conservadora y restauradora de bienes culturales, motivo por el cual Pablo Hernández Abreu, doctor en Historia del Arte y Máster en Arte, Museos y Gestión del Patrimonio Histórico, realiza el informe que firma en diciembre de 2121 y del que se ha extractado este artículo.

La propia existencia del óleo y sus características hacen fácil suponer la importancia que ha tenido desde hace siglos la Adoración de los Reyes para la Ciudad.

Bibliografía

Rodríguez Morales [2016].

Carlos Rodríguez Morales: «Pinturas, dibujos, estampas», en La Laguna y su parroquia matriz. Estudios sobre la Iglesia de la Concepción. San Cristóbal de La Laguna: Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna e Instituto de Estudios Canarios, pp. 191–226.

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