Hoy celebramos la festividad litúrgica de Ntra. Sra. de las Mercedes de gran devoción en La Laguna

En la cabecera de la nave de La Merced en la Catedral de La Laguna (la capilla en la actualidad cerrada por obras de restauración) se destacaba el retablo de su advocación. Su fundación (1660) se debe al mercader lagunero Juan de Sosa quien la levantó sólo como altar de la Cofradía de la Merced. Con posterioridad, el Prelado Valentín Morán, fraile mercedario, dispuso su conversión en capilla, mandando erigir en ese mismo año de 1761 el arco de entrada, levantado por el cantero Juan Fernández
Una vez acabada esta obra, se pasó a construir el retablo cuyo estilo encaja perfectamente con las fechas. Algunos años después, entre 1781 y 1783, la pieza sería dorada, gracias a la contribución de los fondos de la fábrica.
En la actualidad, este retablo es uno de los pocos que han escapado a la masacre de la renovación del templo a comienzos de siglo, encontrándose hoy bajo la advocación de la Virgen de la Candelaria. No obstante, el retablo conserva las señas de identidad de la advocación para la que fue erigido. La peana sobre la que se asienta la Candelaria muestra el inconfundible blasón de la Merced que diera a la Orden su fundador San Pedro Nolasco: un escudo cortado en cuyo cuartel superior se coloca la cruz de Malta blanca sobre fondo de gules y en la inferior las cuatro barras del Principado de Cataluña. Por su parte, en la predela colocaron sendos orantes con grilletes.
El resto de la emblemática, en torno al nicho, rinde homenaje a María en una combinación muy propia de Canarias: la fusión de ciertos epítetos tomados de la letanía loretana y del discurso de la sabiduría del Libro del Eclesiástico, que la Iglesia aplicó a la Virgen.
En el ático figura el martirio de San Sebastián, un lienzo de escuela canaria del último tercio del siglo XVIII.
Las referencias a la imagen de la Merced son abundantes. La primera la da, en el último cuarto del siglo XVIII, Lope Antonio de la Guerra y Peña cuando escribe en sus memorias: «á la muerte del Beneficiado Francisco Sánchez Tapia, fue enterrado ante el altar de Nuestra Señora de la Merced, cuya devoción promovió, y a solicitud se hizo nueva Imagen, que perfeccionó el célebre D. Joseph Rodríguez de la Oliva: le compró vestido de lampazo, se le hicieron andas, y dio principio a forrarlas de plata, se hizo el retablo que costeó el ilustrísimo obispo D. Valentín Morán de la Orden de la Merced: se estableció novena, y Procesión por las calles con que se aumentó la devoción de este atributo de Nuestra Señora».
Algunos años después, en torno a 1819, el prebendado Pereira Pacheco, en sus noticias sobre el templo Catedral confirma la autoría: «Esta imagen, que es una de las mejores que tiene el templo, la hizo y encarnó D. José Rodríguez de la Oliva, uno de los mejores Escultores que han conocido las Canarias».
La vinculación de Rodríguez de la Oliva con la parroquia de los Remedios fue importante. Perteneció a la Hermandad del Santísimo Cristo, llegando incluso a ser nombrado Mayordomo de Fábrica. Fue enterrado en la capilla mayor de este templo.
La imagen, de candelero y 168 cm, presenta talla únicamente en cabeza y manos. Por el tono de la policromía y las formas más blandas, hay que considerarla una obra de madurez, fechable en el segundo tercio del siglo XVIII.
La Virgen de Las Mercedes y el pueblo que lleva su nombre en La Laguna
Según Rosa María Martín, «en torno a la segunda década del siglo XVII, Juana de Vega y sus esposo, el capitán Bernardino Fiesco del Castillo, trajeron de la Península una imagen de Nuestra Señora bajo la advocación de Las Mercedes, a la que profesaron gran devoción».
«En su testamento, dictado en 1620, doña Juana dispuso que la imagen y el retablo que tenía en su casa fuesen colocados en la capilla de los Ponte del Convento de San Francisco de La Laguna».
«Pero esta manda no llegó a cumplirse y, como veremos, la efigie recibió finalmente culto en una ermita en el Valle llamado de Vega, por ser propiedad de la familia».
Aparición «A pesar de estas informaciones contrastadas documentalmente – añade – , nos parece oportuno referir la leyenda según la cual la Virgen de las Mercedes se apareció a un hombre en aquel Valle, en una cueva que posteriormente sería su ermita y que todavía hoy se conoce como la Cueva de la Virgen. Según este relato, el hombre que presenció el milagro, años más tarde, trajo la imagen y la colocó en la cueva». El libro cuenta con 100 páginas, a las que se añade un rico testimonio fotográfico con imágenes de antaño que reflejan la devoción a la Virgen.
