«Guanches: momias y huesos. ¿una cuestión de clase?», por Conrado Rodríguez-Maffiotte Martín (II)

El proceso de momificación guanche
Mucho (cinco siglos son un tiempo muy largo) se ha hablado y debatido sobre el método de momificación utilizado por los guanches para la conservación de sus difuntos. Del mismo modo, se ha discutido sobre quienes eran las personas momificadas y quienes los encargados de poner en práctica ese método o cuando comenzó la práctica y cuanto se extendió en el tiempo. En los últimos años se han producido notables avances que han comenzado a arrojar luz sobre nuestras momias.
Las fuentes escritas siempre compararon la momificación guanche con la practicada por los antiguos egipcios … al igual que sucedería en otros lugares con otras momias pertenecientes a otras culturas. Podemos decir desde ahora mismo que, en esencia, el único punto en común entre las momias de nuestros ancestros y las egipcias es el propósito de conservar el cadáver de la forma más parecida posible a como fue en vida, nada más. Si tuviéramos que comparar con alguna otra «sociedad momificadora» del planeta, las momias más parecidas a las guanches en cuanto al método utilizado serían las de los antiguos pobladores del archipiélago de las Aleutianas en el Atlántico Norte, entre Siberia y Alaska. Nada que ver, por tanto, a nivel cultural, geográfico, climático e incluso temporal.
¿En qué consistía el método de momificación guanche?.
Basándonos en lo relatado por las fuentes escritas mencionadas más arriba y en los hallazgos de autopsia, analíticos y por técnicas de imagen (radiografía simple y tomografía axial computarizada o TAC de última generación) podemos señalar que los aborígenes de Tenerife no evisceraban los cadáveres, es decir no extraían las vísceras y mucho menos el cerebro. Eso, al menos, es lo que se desprende de las observaciones hechas en los ejemplares estudiados por el Instituto Canario de Bioantropología en colaboración con el Museo Arqueológico de Tenerife (ambos adscritos al Organismo Autónomo de Museos y Centros del Cabildo de Tenerife) y por instituciones foráneas sobre las momias que se conservan en distintos museos e instituciones de Madrid, Cambridge (Inglaterra), Göttingen (Alemania) o Montreal (Canadá). No sabemos si en el futuro aparecerá algún cuerpo momificado que muestre signos de extracción de órganos pero, de momento, la evisceración se descarta.
Lo que sí está claro es qué sustancias eran utilizadas durante el proceso – que duraba alrededor de 15 días – y, más o menos, qué pasos seguían para alcanzar su objetivo. Aunque es imposible aseverar con total seguridad, el proceso estaba a cargo de personas especializadas en el «mirlado» de cadáveres que podían ser mujeres u hombres en función del sexo del difunto. Estas personas tendrían una connotación peyorativa por el contacto con los muertos lo que les impedía tener trato con el resto de la población y, según cuentan algunos historiadores de la conquista, recibirían algún tipo de estipendio por su trabajo. Por otro lado, de acuerdo a esas mismas fuentes, mantenían el secreto del método seguido en el desempeño de su labor.
En síntesis, el proceso comenzaba con el lavado del cadáver con agua y hierbas aromáticas y se practicaba de forma constante durante los días que duraba dicho procedimiento. Igualmente, el cuerpo era expuesto al sol durante el día y al humo y calor de las hogueras por la noche lo que ayudaba a la exudación de los líquidos propios del proceso putrefactivo favoreciendo la deshidratación del mismo. El lavado era complementado con el uso de sustancias capaces de absorber los fluidos cadavéricos que podían ser de origen mineral, vegetal y animal, como veremos a continuación y, también, sustancias antisépticas. Los análisis realizados in situ en diferentes momias de nuestras colecciones han demostrado los siguientes elementos:
– Elementos minerales: lapilli rojo o picón que constituye el 90% de estos elementos, piedra pómez, tierra y arena.
– Elementos de origen animal: grasa (manteca de ganado según las fuentes escritas).
– Vegetales: acículas de pino canario o pinocha, gramíneas, semillas de mocán, carbón vegetal (observado solo en alguna ocasión) y vestigios de sangre de drago.
– Antisépticos: en algunas momias, como las del Redpath Museum de la Universidad de McGill (Montreal, Canadá) y la momia masculina procedente del Museo de Ciencias Naturales de la Municipalidad de Necochea (Provincia de Buenos Aires, Argentina) ha sido descubierta la presencia del musgo Neckera intermedia que presenta propiedades antisépticas que coadyuvarían a evitar la putrefacción favoreciendo la conservación de las mismas al inhibir la acción de las bacterias que actúan durante la descomposición cadavérica.
En algunas ocasiones, como se constata en la momia del Museum of Archaeology and Anthropology de la Universidad de Cambridge (Inglaterra), estas sustancias podrían ser introducidas en el tejido subcutáneo a través de las incisiones practicada en diferentes partes del cuerpo (tronco, nalgas o muslos). Este es el único caso en el que se ha constatado este método aunque pudiera haber más (Chil y Naranjo a finales del siglo XIX sostenía haber observado una momia con incisiones durante una de sus visitas a Europa y creyó que su objetico era la extracción de los órganos internos).
Una vez que se completaba ese proceso, el cadáver era envuelto en pieles de animales (cabra y oveja fundamentalmente) y, según las fuentes, cuanto más alto era el rango del difunto más capas de piel componían el fardo funerario. El último paso era la introducción del mismo en cuevas «inaccesibles» que eran tapiadas con «piedra seca» para evitar profanaciones de esos lugares y la acción de animales salvajes o alimañas.
Preguntas recurrentes acerca de las momias guanches son las que tienen que ver con la cronología de las mismas: ¿desde cuando momificaban los guanches?, ¿cuánto tiempo se extendió esta práctica?, ¿la trajeron o la idearon aquí cuando ya estaban asentados?. Las dataciones realizadas en una amplia serie de momias y restos momificados pertenecientes a las colecciones del Museo Arqueológico de Tenerife – y en algunos ejemplares fuera de nuestra isla – demuestran que la momificación comenzó en torno al siglo IV de nuestra Era y se extendió hasta el mismo momento de la conquista en el siglo XV. Ello implica que el método fue ideado aquí siglos después de que la población colonizara la isla y se asentara en ella de modo permanente. Por tanto no fue un procedimiento que trajeran ya que en su área de influencia cultural original esa no era una práctica funeraria habitual.
Conrado Rodríguez-Maffiotte Martín
Director del Instituto Canario de Bioantropología y del Museo Arqueológico de Tenerife
MUNA, Museo de Naturaleza y Arqueología
