Fotos y poemas para el Día de Todos los Santos (III)

Uno de los sonetos más hermosos jamás escritos es ‘Amor constante más allá de la muerte’ de Francisco de Quevedo. Sus versos son un desafío al olvido que arrastra consigo la muerte, que no conseguirá borrar el rastro de lo vivido y lo amado:

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

También te podría gustar...