Fotos y Poemas a las fiestas de agosto (VIII)

«Bajamar» (I)
Yo tengo una casita
que el cierzo baña,
entre el mar y la sombra,
de una montaña.
La embellecen en torno
lindas palmeras
que entre pitas se yerguen
y entre chumberas.
Anexa al predio mío
y a mi casita,
solitaria y muy blanca,
tengo una ermita,
donde a San Juan le rezan
los labradores;
recinto levantado
por mis mayores.
La comarca es abrupta;
árido el suelo.
pero puros sus aires,
muy claro el cielo.
El aura que desciende
desde las lomas
y el corazón perfuma
con sus aromas;
y las emanaciones
del mar sereno
que despiden las algas
de su ancho seno,
en la altura se besan
del agrio risco;
y el campo huele a hinojos,
salvia y ‘marisco.
En éxtasis profundo,
dentro el paisaje,
abisma mis sentidos el oleaje.
Las barquillas que impulsa
la brisa fresca,
por el líquido espejo
tras de la pesca,
al tornar presurosas
a las orillas,
con sus linos hinchados
y raudas quillas,
parecen a lo lejos,
de mi cabaña,
tiendecitas movibles
de una campaña.
¡Qué plácidas y alegres,
cuán seductoras,
viendo el mar y barquillas
paso las horas!
Cuando el astro rojizo
se hunde en los mares,
y enseña el firmamento,
sus luminares,
en el banco de tosca
mampostería
que está junto a la puerta
de la alquería,
entre dulces coloquios
y amena calma,
con mi esposa y con ambos
hijos del alma,
¡qué plácidas, alegres,
y halagadoras,
a la luz de los astros
paso las horas!
José Tabares Bartlett
