Fotos, coplas y poemas laguneros. «El Caso de la Vacuna». Juan Pérez Delgado (Nijota)

Rubeola, sarampión, difteria… Era el vocabulario de las enfermedades típicas de la infancia, en los años sesenta, una erupción roja en la piel de un niño de poco más de un año llevaba a madres y abuelas a pensar en el sarampión o la escarlatina como el primer apelativo para explicar lo que le pasaba al pequeño, seguro que en los puestos del mercado, cuando La Laguna era una gran familia, se habló en miles de ocasiones de esas enfermedades cotidianas en aquellos años. Además los bandos de la alcaldía anunciaban en muchos de los puestos las campañas de vacunación.
EL CASO DE LA VACUNA
Ayer encontré a Manuela,
una educada chiquita
de unos doce o trece años
y a mi juicio muy bonita.
Fijándome, vi en su cuello,
por donde pasó la mano,
algo que parecía ser un
forúnculo o un grano.
—¿Qué tienes ahí en el cuello?
¿un grano, sin duda alguna?
—No, señor, nada de grano;
es cosa de la vacuna.
—¡Quita allá!, ¡vas a tener
la vacuna en el pescuezo!
—Pues es la vacuna. Escuche,
que le voy a contar eso:
Hará cosa de dos meses
a vacunarme fui yo.
Me vacunaron tres veces
y ninguna me pegó.
Pero mi abuela,
que es una mujer majadera,
al verme el brazo sin roncha
me gritó de esta manera:
«Ya te puedes preparar,
pues tienes que ir después
a casa del practicante
a vacunarte otra vez.
Como sepa que no vas,
voy a coger un garrote
y a atizarte un rebencazo
por las cuerdas del cogote».
Pero yo no le hice caso,
pues me había dicho don Blas
después de las tres vacunas:
«Inmune. No vuelvas más».
Al enterarse mi abuela
que al practicante no fui,
cogió el palo de la escoba
y me atizó un golpe aquí.
Lector: Hemos de creer
lo que nos dice Manuela:
No le pegó la vacuna,
pero le pegó la abuela…
