Fotos, coplas y poemas a las fiestas de otoño (XXXVII)

San Diego del Monte (I)
Voy a tornar con el alma
allá a mis años primeros;
voy a visitar los sitios
donde fugaces corrieron
para aspirar el perfume
de mis lejanos recuerdos.
Voy a ver las frescas sombras
de los bosques de San Diego,
y sus seculares pinos,
y sus castaños eternos.
¡Ah, qué placer! Ya diviso
tendido a faldas de un cerro,
su recinto delicioso
de verde tapiz cubierto.
¡Adelante…! Ya percibo
recortándose en el cielo,
los contornos desiguales
de su campanario negro…
Ya voy a tocar sus lindes…
Un paso no más…; ya llego.
En torno nada se escucha.
Desconsolador silencio
reina donde en otros días
alegres cantos se oyeron.
Esos álamos que altivos
sus copas alzan al cielo,
esos muros arruinados
y esos floridos senderos,
en otros tiempos felices
los mudos testigos fueron
de mis inocentes goces,
de mis infantiles juegos.
Aquí la glorieta umbría
de los pájaros parleros
celebraban sus amores
dando al aire trinos tiernos;
yo presuroso subía
por las ramas a cogerlos,
mas al ruido de las hojas
volaban hacia el otero.
Diego Estévanez y Murphy
