Fotos, coplas y poemas a las fiestas de otoño (XXVIII)

Mateo Alonso del Castillo fue fundador de la Escuela de Comercio de Santa Cruz de Tenerife en el año 1907, – según Leoncio Rodríguez, en sus famosos “Perfiles”, decía que era de vieja cepa castellana, descendía de los familiares del conquistador y ejecutor de la isla, capitán Gonzalo del Castillo, figura de singular relieve romántico, al igual que la supuesta samaritana indígena en el celebrado poema de Antonio de Viana:

«…El capitán Gonzalo del Castillo
con veinte de a caballo, de a pie, treinta,
estaba en la espaciosa vega y bosque
de la laguna, que del puerto dista
tres millas, bien ajeno del peligro
que pudiera venirle a divisarle
aquella noche la soberbia gente
que guardaba a la bella infanta Dacil,
y la demás que trujo al mismo puesto
para lo propio el capitán Sigoñe
del reino de Taoro, que eran todos
doscientos valerosos naturales…»

Mateo era doctor catedrático, licenciado en Derecho y Ciencias Exactas por las Universidades de Madrid y Barcelona, Profesor Mercantil en la Ciudad Condal, auxiliar de ciencias en los Institutos de Canarias y Alicante. Catedrático durante siete años en el Seminario de Tenerife y más tarde de la Universidad de Sevilla, que ejerció por espacio de más de treces años como catedrático numerario y vicerrector en algunas épocas-.

El Monte de las Mercedes

Corona el amplio valle
de mi Laguna
un monte prodigioso
de beldad suma.

Hasta los cielos llega
su verde oscuro;
¡inspirado me siento
cuando allí subo!

Allí del desengaño
no crece el fruto;
allí de la falasia
la voz no escucho.

Un augusto silencio
solemne impera,
hasta que brisa suave
su rumor lleva.

Entonces mil preludios
se oyen alegres
entre unas notas graves
y otras más leves.

Es que la aurora llega;
es que le canta
haciendo mil prodigios
con su garganta,
los pájaros canarios
los capirotes,
la caladria saltando
de brote en brote.

Cuando surge imponente
la tempestad,
cuando ruge implacable
el huracán,
los árboles gigantes
su copa inclinan
y anuncian la tormenta
que se avecina;
los pájaros medrosos
buscan nido
o se mueven inquietos
sin rumbo fijo:
suena como en caverna
la voz del trueno
y la luz del relámpago
finge el averno:
las fuentes, los arroyos
con furia saltan.

Todo es allí gradioso,
to imponente,
¡del Hacedor lo inmenso
las almas siente!

Si la calma domina
contempla absorto…
¡Es paz que al pecho brinda
rico tesoro!
Si se imponen soberbias
las tespentades
su desorden ordena
notas iguales.

Notas que al cielo suben,
que el hombre envía
al que puso en la tierra
selvas umbrías.

¡Oh! Visitad el Monte
de las Mercedes,
si el alma en lo sublime
penetrar quiere!

Mateo Alonso del Castillo y Pérez

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