Foto y poema a las puertas de la Semana Santa: Poema al Viernes de Dolores

Bajo un cielo de incienso y de silencio,
despierta el viernes con paso contenido,
y en las calles, aún tibias del invierno,
late un dolor antiguo y compartido.

La mañana se viste de recogimiento,
con rezos que se enredan en balcones,
y un murmullo de fe, como un lamento,
cruza despacio viejas tradiciones.

Madre de pena, de mirada herida,
lleva en sus ojos todo el desconsuelo,
y en su llanto descansa nuestra vida,
como la lluvia leve sobre el suelo.

No hay estruendo, ni clamor de fiesta,
solo un temblor de almas que recuerdan,
que el amor también duele y se manifiesta
en las heridas que nunca se cierran.

Y así, en la antesala de la espera,
cuando la Pasión comienza a florecer,
el dolor se convierte en primavera
y en promesa callada de renacer.

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