Foto y poema a las puertas de la Semana Santa: Cristo de la Enagüita

Cristo de la Enagüita
En la penumbra callada del templo,
donde el incienso dibuja el silencio,
tu figura reposa, serena y viva,
Cristo humilde de la Enagüita.
No llevas oro ni trono brillante,
ni corona de gloria mundana,
sino la sencillez que conmueve el alma,
y una ternura que al pueblo abraza.
Entre rezos y miradas quietas,
te visten manos llenas de fe,
como a un niño dormido en la noche,
como a un Dios que se deja querer.
Enagüita blanca, signo pequeño,
que esconde un misterio infinito:
la grandeza se viste de lo sencillo,
y el amor se hace gesto bendito.
Cristo cercano, Cristo del barrio,
compañero de penas calladas,
en cada lágrima estás presente,
en cada esperanza sembrada.
Que nunca falte tu luz discreta
en los rincones del corazón,
ni se apague el susurro del pueblo
que en tu nombre encuentra consuelo y voz.
