Foto y poema a las puertas de la Semana Santa: A los huevos duros por San Lázaro

En la tibieza sencilla de la mesa,
cuando el viernes amanece sin alarde,
reposan los huevos duros, humildes,
como un rito pequeño que no arde.
Viene Lázaro en la memoria antigua,
entre ayunos, campanas y silencio,
y en la cocina se guarda la costumbre
como un secreto leve y sin estruendo.
Blanca cáscara, luna contenida,
corazón de yema dorada y quieta,
pan y sal acompañan la jornada,
y el tiempo, sin prisa, se completa.
No hay banquete ni pompa en el plato,
solo historia que pasa de mano en mano,
un gesto que une pasado y presente
en el sabor sencillo y cotidiano.
Y así, entre rezos, risas y memoria,
los huevos duros dicen sin hablar
que lo sagrado a veces se esconde
en lo más simple de compartir y amar.
