Estar en Candelaria. Por Mari Brito, Alcaldesa de la Villa Mariana

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Cambian las caras, los lugares, las circunstancias y los tiempos, pero pervive la esencia. El blanco y negro de unos pocos fotógrafos, que tardaban meses en volver con el papel revelado, ha mutado en una vida de color y filtro excesivamente captada, que se publica al instante a ojos del mundo entero. Pero bajo el foco sigue asomando el mismo momento preciso: alguien que ha estado en Candelaria.

Eso es lo que hoy siguen haciendo muchos peregrinos cuando pisan nuestro pueblo: fotografiarse orgullosos de haber llegado a la casa de la Patrona de Canarias. Me pregunto si habrá en la isla un lugar más inmortalizado que nuestra Villa, un hogar donde no haya un recuerdo de este suelo mariano. Fotos con los guanches de piedra o de bronce, en la capilla del Convento o la Basílica, en los muros y caminos de Santa Ana, en la primitiva plaza de tierra, en las peculiares ventas de la vieja calle La Arena o en el tejido comercial actual; en definitiva, en la Candelaria de antes o en la de hoy.

Lo mismo da que las imágenes tengan un siglo de distancia. Si contemplas cualquier foto hecha en Candelaria, siempre verás estampas emotivas y rostros risueños, llenos y felices de haber estado aquí.

Hacía esta reflexión días atrás, mientras ojeaba algunos retratos en sepia de las fiestas del siglo pasado que me reconfirman, por otro lado, lo enraizadas que se empeñan en ser nuestras costumbres y me alertan de lo trascendental que es no alterar sus valores propios. Los ritos más importantes siguen repitiéndose con idéntica fórmula e, invariablemente, con amplísimo seguimiento popular, lo mismo en álbumes de 1930 como del pasado año. Es un fenómeno antropológico admirable que nos obliga a lograr su conservación para las gentes del mañana.

La Virgen de Candelaria, protagonista perenne de estos acontecimientos, ha sido el núcleo invariable que movió y mueve toda la maquinaria interna de este municipio. Por eso este mes nos transformamos para ser el hogar de todos los canarios que, por distintas motivaciones, quieren ver o hablarle a la Virgen y estar presentes con nosotros o a través de las redes. Estos días resurge la vocación candelariera de abrirnos y mostrarnos generosos para acoger la canariedad que se cita en nuestras calles en torno al 15 de agosto desde tiempos incontables.

Gracias a todos los que hacen posible las Fiestas; a quienes trabajan y colaboran con ellas; a quienes vienen, las disfrutan y contribuyen con una sonrisa. Gracias a los que comparten imágenes, amplificando nuestra celebración para que llegue lejos; a los fotógrafos de antaño, que sin apenas medios recopilaron mil momentos únicos; y a los de ahora, profesionales y aficionados que, con un móvil, difunden momentos en un mundo global. De manera especial, quiero dar infinitas gracias, uno a uno, a los periodistas y profesionales de los medios de comunicación de esta tierra, que año tras año dedican primeras páginas y abren informativos desde nuestra Plaza, perpetuando para siempre realidades, crónicas y relatos anónimos que quedan muy bien custodiados en los archivos de la historia, para que el futuro siga disfrutando del placer de contemplar una fotografía de alguien que ha estado en Candelaria.

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