El Mercado Municipal de La Laguna con las recetas para el verano y sus fiestas: Judías Verdes salteadas con Jamón

Las judías verdes con jamón. Un plato que me recuerda mucho mi infancia y juventud, procuro no dejar perder las recetas de siempre, las recetas de las madres y de las abuelas, y estas a su vez de su ante pasadas.

Para comer bien no hace falta mucho tiempo, ni productos caros, ni saber cocinar. Ni siquiera nitrógeno líquido, aunque pueda parecer mentira. Y no sólo se puede comer bien sino que, además, se puede quedar como un príncipe ante las visitas, recurriendo a algo tan sencillo como la impostura. Engañar, eso es lo que aquí pretendemos. Engañar a la vista, al olfato, al gusto y hasta al bolsillo. Pura farsa, aunque esta vez por la noble causa de la gastronomía y el cuidado de nuestro ego.

Ingredientes:

300 gramos de judías verdes (habichuelas)
1 cebolla mediana
1 tomate
2 dientes de ajo

sal gorda, aceite de oliva virgen extra (y si les apetece y tenienen a a mano, unas laminitas finas de jamón serrano).

Manos a la obra

Lo más cómodo de esta receta es que no hay que hervir aparte las habichuelas. Sólo vamos a utilizar una sartén para todo. Cogemos las habichuelas y con un cuchillo les cortamos las puntas y las partimos en trozos no muy pequeños (de unos 6 cm. más o menos) que luego nos van a quedar mucho más aparentes en el plato. Las lavamos bajo el grifo y la escurrimos bien. En la sartén ponemos aceite abundante y cuando esté caliente echamos en él las habichuelas y las freímos un poco. Que cojan color pero sin pasarse. Cuando estén, las sacamos escurriéndolas bien y las ponemos en un plato con papel de cocina que acabe de absorber el aceite sobrante. Cogemos el tomate, lo partimos por la mitad y con un rallador de agujeros gordos lo rallamos convirtiéndolo en pulpa. En la sartén dejamos sólo un poco del aceite utilizado y en él ponemos a sofreír los ajos picados y un poco después la cebolla cortada en pequeñas tiras en vez de en los clásicos cuadraditos. Lo vamos removiendo bien y cuando veamos la cosa doradita, añadimos el tomate y sal al gusto. Removemos bien y dejamos que el tomate coja color. No hará falta mucho tiempo. Es el momento de añadir las habichuelas, un poco más de sal y remover todo para que se mezcle bien. De ahí al plato. Si las ponemos hábilmente amontonadas como con descuido y les ponemos unas laminillas de jamón por encima cuando todavía están calientes, nos va a quedar un plato de llamar la atención.

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