El día de la Concepción -8 de diciembre- comenzaba la producción de pasteles (III)

Pasteleras y gangocheras de descanso en el parador de La Cuesta de regreso a La Laguna. Foto de principios del siglo XX. 

Desde La Laguna bajaban a Santa Cruz una veintena –tal vez más- de pasteleras que han quedado relegadas en el olvido. Aunque quizás algunos recuerden a seña Escolástica. Según nos contó un bisnieto, pertenecía a la familia apodada como “Los Farrunchos” y vivía en el camino de la Montaña de la Mina, en la zona conocida como “Cercado Bello”. Ella añadía a su pregón:

“¡Soy la última y entro ahora!”

De esta forma, seña Escolástica aseveraba pícaramente que ella era la última en llegar, la que traía pasteles laguneros recién sacados del horno, aunque había recalado en la capital desde primeras horas de la mañana. Y es que seña Escolástica tenía la necesidad de defender el prestigio de su mercancía, que no siempre lograba proteger de la horda de golosos chiquillos que la convertían en blanco de sus trastadas.

Seña Escolástica en  la plaza de la Antigua (Dr. Olivera). recreación Julio Torres Santos.

También era frecuente verlas, al finalizar la Misa del Gallo, en las afueras de la iglesia de la Concepción, al socaire de la torre de piedra que lo preside, o su mercancía. A esas horas de la noche, los pasteles resultaban, si cabe, aún más apetecibles.

Todas vendían los pasteles a cuatro cuartos la unidad y después a real la pareja. Para ellas, dos reales por cada peso vendido.

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