El Cristo de La Laguna, la Plaza, los templetes y las fiestas (y III)

Julio Torres Santos
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La desaparición del último templete

Y llegó también el momento de la desaparición del último de aquellos templetes monumentales que, durante tantos años, formaron parte inseparable de las fiestas del Santísimo Cristo de La Laguna. Atrás quedaban los antiguos «pabellones» de madera, levantados para recibir y cobijar al Señor mientras se aguardaba uno de los momentos más esperados de la noche del 14 de septiembre: los fuegos de la plaza, la Entrada, los Portales y, finalmente, los del Risco.

En 1935 aquella tradición adquirió un carácter permanente. Por iniciativa del Orfeón La Paz se levantó en la Plaza del Cristo un nuevo templete de mampostería, destinado a ocupar durante casi un cuarto de siglo un lugar destacado no solo en el espacio urbano, sino también en la memoria festiva y sentimental de los laguneros.

Sin embargo, los nuevos tiempos trajeron consigo una concepción diferente de la plaza. En 1959, el Ayuntamiento solicitó el derribo del templete dentro del proyecto de transformación y urbanización de aquel histórico recinto, para cuya remodelación se convocó un concurso de ideas entre arquitectos, ingenieros y artistas.

Desaparecía así el último templete del Cristo. Con su demolición no se perdía únicamente una construcción levantada en medio de la plaza; desaparecía también uno de los escenarios más característicos de las antiguas fiestas. Allí se había «refugiado» el Cristo, allí había esperado el pueblo la llegada de los fuegos y allí habían confluido, año tras año, devoción, música, pólvora y celebración popular.

La transformación culminaría pocos años después. En 1962, la Plaza del Cristo presentaba ya una nueva imagen: el suelo cubierto de losetas y, en su centro, una fuente luminosa ocupando un espacio que durante generaciones había estado ligado a la presencia de aquellos templetes.

El templete desapareció físicamente, pero no de la memoria de la ciudad. Las fotografías antiguas y los recuerdos de quienes llegaron a contemplarlo nos devuelven todavía la imagen del Cristo bajo aquel pabellón, esperando en la noche lagunera mientras la plaza se preparaba para iluminarse con el estruendo y el resplandor de sus fuegos.

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