El CD Tenerife pico y pala mantiene el liderato con una victoria ante el Zamora (3-1)

El CD Tenerife continúa firme en lo más alto de la clasificación tras imponerse este sábado por 3-1 a un Zamora que, pese a jugar casi todo el encuentro con un hombre menos, ofreció una resistencia más que digna y complicó más de lo esperado al líder.
El partido se decantó muy pronto. A los dos minutos, una internada de Enric Gallego terminó con la expulsión de Athuman por derribar al delantero dentro del área, tras revisión en el monitor del VAR. El colegiado señaló penalti, pero el propio Gallego erró desde los once metros al adivinar Fermín la trayectoria del balón (m.5).
Desde entonces, el duelo entró en una fase trabada, con muchas faltas e interrupciones, que impidieron al Tenerife imponer su ritmo. Pese a la superioridad numérica, los locales apenas generaron peligro, salvo un disparo de Nacho Gil al filo del descanso (m.44).
Gallego abre la lata antes del descanso
Cuando todo apuntaba al 0-0 en el intermedio, un centro raso de Juanjo desde la derecha encontró a Gallego, que solo tuvo que tocar el balón para adelantar a los suyos (m.45+2). El tanto rompió la inercia del partido y permitió al Tenerife marcharse al descanso con ventaja.
Nada más iniciarse la segunda mitad, De Miguel pudo sentenciar el duelo, pero su remate ante Fermín se marchó desviado. El Zamora, lejos de rendirse, encontró el empate con un disparo lejano de Merchán (m.53) que sorprendió a Dani Hernández y devolvió la emoción al encuentro.
Tres puntos para consolidar el liderato
Con el marcador igualado, los blanquiazules redoblaron esfuerzos y encerraron a su rival en su área. El premio llegó en el tramo final: De Miguel, atento a un rechace de Fermín tras disparo de Fabricio, firmó el 2-1 (m.81). Ya en los compases finales, Nacho Gil, con una brillante acción individual y un disparo raso, sentenció el 3-1 definitivo.
El Tenerife sumó así una victoria trabajada, que refuerza su liderato y mantiene la confianza en un equipo que, sin brillar, supo resolver un partido incómodo ante un rival combativo que nunca bajó los brazos.
