El caserío de La Hoya declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Sitio Etnológico
El caserío de La Hoya, situado en San Miguel de Abona, en la isla de Tenerife, ha sido declarado Bien de Interés Cultural con el sello de Sitio Etnológico. Un paraje que contiene todos los elementos característicos y representativos de la cultura campesina, como las viviendas, las dependencias anejas, un horno de tejas, una era, aljibes, dos fuentes, caminos tradicionales, así como las zonas de cultivo abancaladas y en los que se ha empleado el sistema de cultivo en jable tan característico de las comarcas de Chasna y Abona
Con la declaración BIC de este Sitio Etnológico se protege un caserío rural, en relativo buen estado de conservación, y en el que a lo largo de los últimos años se han venido produciendo algunas actuaciones que, de proseguir, podrían suponer una amenaza para la conservación de sus valores patrimoniales ante la introducción de tipologías y formas arquitectónicas y constructivas ajenas a la arquitectura rural tradicional.
El caserío de La Hoya se nos presenta como un testimonio material que refleja lo que fue la vida rural hasta hace pocas décadas en las medianías del sur de la isla. El entorno de protección incluye, no sólo estos espacios antiguamente cultivados mediante bancales y que contribuyen a la mejor comprensión de las formas de vida rurales, sino también algunos sectores de ladera que conforman el soporte paisajístico de este enclave, todavía poco alterado por los procesos edificatorios y de urbanización
El establecimiento de este entorno obedece a la necesidad de preservar estos elementos característicos de la vida rural, íntimamente asociados a los usos y actividades desarrolladas por los antiguos habitantes del caserío, como por servir de escenario escasamente transformado de este asentamiento tradicional y soporte paisajístico.
Existen referencias en la datas relativas a repartos de tierra en este lugar entre 1505 y 1522, si bien la referencia histórica cierta de mayor antigüedad se remonta al siglo XVII, citando a algunos «vecinos de La Hoya». La riqueza del entorno en recursos agrícolas y ganaderos; la abundancia de agua y su localización estratégica en una encrucijada de caminos, entre la costa y Vilaflor, así como entre los caseríos de Abona y el Valle San Lorenzo, constituyen otros tantos factores que justifican el temprano poblamiento de este ámbito de las medianías bajas de la comarca.
También ha de destacarse la circunstancia –como indica el topónimo- de que, al localizarse en una hondonada, no es visible desde el mar, quedando a resguardo de posibles incursiones de piratas. El cercano mirador de La Centinela contribuiría a garantizar la seguridad de sus vecinos, como punto de vigilancia y control de las tierras bajas y de la costa.
Hacia 1860 vivía en La Hoya la nada desdeñable cifra de 54 personas, contando el caserío con doce construcciones de una planta y una de dos, en su mayoría habitadas de forma permanente. En 1900 están censados 57 personas y a partir de esta fecha los escasos datos demográficos revelan un descenso paulatino de la población hasta llegar a los 11 en 1960. Recientemente y coincidiendo con la recuperación de algunas edificaciones se ha incrementado ligeramente el número de habitantes.

