EL ATAQUE INGLES A SANTA CRUZ DE TENERIFE (I). Por Carlos García
Recuerdos históricos del 25 de Julio de 1.797
La insistencia por parte de quienes mantenemos la idea de seguir intentando realzar la importante jornada histórica llevada a cabo por los habitantes de la isla de Tenerife contra la invasión de las tropas inglesas, al mando del Contralmirante Horacio Nelson el 25 de Julio de 1.797, es algo que a muchos puede sorprender. Considero que si realizamos aportaciones de diferentes aspectos históricos sobre este tema, podemos ir desvelando, para quienes no lo conozcan, algunos puntos de vista que nos pueden hacer comprender la importancia que dicha jornada tuvo en el trayecto ulterior que las islas han tenido a lo largo de su existencia.
Creo de importancia aportar, o mejor recopilar, datos de cualquier tipo que nos orienten y permitan recordar y entender lo que un grupo de canarios, comandados por el General Antonio Gutiérrez, y con la ayuda de soldados franceses, lograron realizar frente a uno de los más brillantes estrategas militares y marinos que la historia recuerda .
Muchos son los datos que se conocen sobre el ataque naval y terrestre llevado a cabo, en la madrugada del 24 de Julio y siguiente, a la Villa de Santa Cruz de Tenerife por lo que no insistiré en ellos. Sugiero realizar una visión sobre otros aspectos que comienzo a desarrollar…
La defensa de Santa Cruz produjo asombro en toda Europa e incluso, como así lo atestiguan algunos documentos escritos del historiador Viera y Clavijo, coetáneo del suceso, hasta fue considerada como “obra del Cielo”.
El entusiasmo nacional que levantó la proeza, cambiando aquel por un entusiasmo de carácter internacional, es algo que llama la atención al no corresponderse con el grado de importancia que se le ha dado entre nosotros ni siquiera en el mismo ámbito del origen del suceso.
A nivel histórico pasa desapercibido entre la misma población tinerfeña. A nivel educativo no se traduce en un recuerdo de categoría universal entre los escolares del archipiélago quienes se asombran y preguntan sobre los acontecimientos. A nivel político no se le concede importancia, y sí no, recuérdense los innumerables dislates y seculares olvidos que se han cometido en cuanto al levantamiento de un monumento conmemorativo de la hazaña cívico-militar…. Pero así se escribe la historia.
Aun así, el comportamiento heroico de la población tinerfeña en aquel día quedó ignorado y desconocido para muchos españoles. Incluso existe un documento escrito y publicado en 1.951 en una revista denominada “Clavileño” donde se lee: “Nelson bombardea Cádiz, defendida por Gravina y Mazarredo, y luego ataca a Santa Cruz de Tenerife, que, pese a la heroica resistencia del General Antonio Gutiérrez, acaba por rendirse”
Todo esto contrasta si por ejemplo lo comparamos con la devoción mantenida en el Reino Unido en torno a la figura del Almirante Horacio Nelson, héroe británico que se venera con respeto y entusiasmo, y que se puede comprobar con la visita al Museo Marítimo de Greenwich donde se aprecia la evolución histórica del personaje, sus innumerables hechos en pro de su patria, y donde por cierto no se encuentra demasiada información sobre la batalla de Santa Cruz de Tenerife si no es a excepción del cuadro pintado por Westall en el desembarco de Nelson cuando es herido.
Afortunadamente en los últimos años la creación del Museo Regional Militar, localizado en el Cuartel de Almeida, ha venido a cubrir un importante vacío en torno a la reivindicación de las figuras militares y civiles que intervinieron en la defensa de la Plaza santacrucera.
Esperamos con impaciencia el tan deseado monumento que recuerde para la posteridad el día victorioso de Tenerife del 25 de Julio de 1.797.
La Guerra contra Inglaterra.- En el año de 1.796 se firmó el decreto que declaraba la guerra a Inglaterra, a sus Reyes y a sus súbditos, siendo Carlos IV quién lo realizó, renovando, por el Tratado de San Ildefonso, el denominado “Pacto de Familia” que había firmado anteriormente con Francia Carlos III.
Esta alianza con la República de Francia, a pesar de beneficiar totalmente a ésta, fue un acto inevitable, ya que la neutralidad en la guerra que libraban los franceses e ingleses impedía una inhibición ante la misma. Por eso, como mal menor, se eligió la firma de adhesión con Francia en contra de la tradicional rival, Inglaterra, pues no hay que olvidar que con anterioridad habíamos mantenido conflictos bélicos tales como la pérdida de Jamaica por parte de Cromwell en 1.657, época en que también Robert Blake atacó Tenerife y fue rechazado. O las pérdidas de Italia y Flandes y la roca de Gibraltar, junto con la isla de Menorca allá por 1.712, fruto del Tratado de Utrech, y que también fue la época en que John Gennings atacó Tenerife en 1.706 y que fue vencido y derrotado en su intento.
Incluso guerras que terminaron con la pérdida de La Habana y Manila que más tarde fueron devueltas al dominio español a cambio de La Florida, sin olvidar la ayuda ofrecida junto con Francia a la independencia de los Estados Unidos para librarlos del yugo británico. Queda por tanto claro el secular enfrentamiento entre ambas potencias.
La noticia de la guerra fue trasladada a Canarias y el 1 de Noviembre de 1.796 llegó la misma a conocimiento del regidor perpetuo de Tenerife, D. Juan de Castro Ayala, de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, que era a su vez Coronel del Regimiento de La Laguna y que más tarde intervendría en la contienda.
Pocos meses antes de la fecha que nos ocupa se produce un hecho que va a tener una repercusión directa en el ataque llevado a cabo contra Tenerife.
Este acontecimiento se ocasiona por la presencia de la flota inglesa, a cargo de los Almirantes Jerwis y Parker, frente a las costas de Cádiz, que el 14 de Febrero de 1.797 se encuentran con la flota española mandada por D. José de Córdoba, que había sido arrastrada por fuertes vientos hacia el Cabo de San Vicente. En este lugar se produce la fuerte derrota de la armada española conocida como “el combate del 14”.
Esta victoria inglesa permite a Nelson, que acababa de ser nombrado Contralmirante y que había tenido una brillante intervención en San Vicente, atreverse al ataque de la ciudad de Cádiz, aunque fue derrotado por los españoles Mazarredo, Gravina, Churruca y otros acreditados marinos.
En estas escaramuzas navales se encontraba la fragata Terpsícore, mandada por un oficial llamado Bowen que fue el que aconsejó al joven Nelson de que atacara a la Plaza de Santa Cruz de Tenerife que se presumía presa fácil de capturar, y donde se encontraban ancladas fragatas de la Real Compañía de Filipinas cargadas de ricos tesoros.
Esta presunción de facilidad se la daba la experiencia que con anterioridad, en el mes de Abril, el mismo Bowen había experimentado en la bahía de Santa Cruz, donde arribó con la Terpsícore, y con el envío de 14 lanchas de desembarco entró en ella y cortaron las amarras secuestrando a la fragata española “San Fernando”.
Incluso repitió la acción tan solo un mes después, en Mayo de 1.797, en que fue tomada la fragata francesa “la Mutine”, que se encontraba en nuestra ciudad.

