Discurso de investidura de Luis Yeray Gutiérrez como alcalde de La Laguna

Comenzamos hoy la andadura de un nuevo ciclo democrático. La sociedad lagunera ha hablado. Nuestros vecinos y vecinas han decidido mayoritariamente que continúe siendo su alcalde. Es la principal responsabilidad y el mayor honor que un lagunero puede tener en el ejercicio de su vida pública.

No puedo sino empezar estas palabras expresando mi más profundo agradecimiento a las 23.472 personas que depositaron su voto a la opción que presenta el Partido Socialista.

Hoy me reafirmo en el compromiso que adquirí hace cuatro años con este municipio: el compromiso de dar lo mejor de mí, lo mejor de mi equipo, para que La Laguna siga siendo referencia en Canarias de políticas de progreso, de desarrollo económico, de igualdad, de sostenibilidad, de diversidad, de atención a los que más lo necesitan.

Hemos renovado la confianza de la ciudadanía y desde hoy vamos a seguir respondiendo a esa confianza con trabajo, dedicación, diálogo y altura de miras. Nuestro compromiso no es solo con quienes nos han votado, sino con todos y cada uno de los vecinos y vecinas de nuestro municipio.

Iniciamos un nuevo mandato tras cuatro años especialmente duros, marcados por una pandemia que se cobró demasiadas vidas; que obligó a esta administración a un nivel de exigencia como ningún otro en la historia democrática de este Ayuntamiento, revisando por completo nuestro orden de prioridades para atender las necesidades más urgentes de la crisis sanitaria.

Cuatro años en los que una brutal crisis humanitaria derivada de los movimientos migratorios se hizo presente en nuestro municipio. Cuatro años en los que, también en el plano personal vivimos momentos muy dolorosos, por la pérdida de un compañero de Corporación en el ejercicio de su labor de Gobierno, nuestro siempre recordado Alberto Cañete.

En 2019 llegamos a la Alcaldía con el firme propósito de situar a La Laguna en la vanguardia de las políticas municipales al servicio de la ciudadanía; de implantar un modelo diferenciado de desarrollo en Canarias.

Pese a todas las dificultades, hemos puesto los cimientos de ese modelo más justo, más equitativo, más humano, y así lo ha reconocido la ciudadanía otorgándonos su confianza.

Hoy, una vez superados los condicionantes de la crisis sanitaria, se nos presenta una magnífica oportunidad para consolidar ese modelo que busca garantizar el bienestar, la justicia social y la igualdad.

Un modelo que es fiel a los orígenes fundacionales de San Cristóbal de La Laguna como ciudad abierta, una ciudad de paz, amable y hospitalaria.

Una ciudad y un municipio celosos de su historia y de su legado monumental, pero también cosmopolita y abierto al desarrollo tecnológico.

Un municipio amante de sus raíces y sus tradiciones y a la vez emprendedor y atento a la innovación.

Un municipio sensible a la fragilidad de nuestro medio ambiente y, por tanto, comprometido con la sostenibilidad. Un municipio que valora por igual el capital humano de sus mayores y de sus jóvenes.

Un municipio plural, integrador y diverso, donde la intolerancia no tiene cabida. Esa es La Laguna que queremos seguir construyendo.

No vamos a renunciar a esos principios que definen a la sociedad lagunera.

Ni un paso atrás en los derechos y libertades alcanzados. Quienes estén en esta lucha, cuentan con nuestra mano tendida y nos tendrán a su lado. Quienes renieguen de estos principios, nos encontrarán enfrente.

Afrontamos importantes desafíos y vamos a trabajar desde el primer minuto para que los grandes proyectos de esta ciudad sean una realidad. Aquellos que ya están en marcha y los que empiezan a dar sus primeros pasos, como la deseada recuperación de la antigua laguna.

Queremos seguir avanzando en la conservación de nuestro patrimonio, en la creación de nuevas infraestructuras, en el impulso del sector agrario.

Vamos a seguir mejorando los servicios municipales, para contar con más y mejores zonas de esparcimiento ciudadano, y para que nuestras calles y plazas luzcan su mejor imagen.

Seguiremos apostando por la cultura como seña de identidad lagunera. No como una simple forma de ocio y entretenimiento, sino como un sector que genera actividad económica y que ayuda a configurar sociedades más críticas, justas y libres.

Nos comprometemos a renovar e incrementar el apoyo a las entidades de la sociedad civil. Una comunidad se construye con la implicación de un movimiento vecinal sano, que tenga una representación amplia y actúe en beneficio de la colectividad y no de intereses particulares.

Y lo haremos en todos los pueblos y barrios, desde los enclaves de la costa a los caseríos de las montañas de Anaga, porque La Laguna es un pueblo de pueblos, y en ello reside buena parte de su grandeza.

Tenemos ante nosotros una tarea ardua, pero es también una tarea ilusionante. No hay mayor satisfacción que trabajar por el lugar al que uno pertenece y ama.

Sé que en esta labor contamos con la extraordinaria implicación de los empleados públicos que forman la plantilla de este Ayuntamiento. Lo hemos comprobado en estos cuatro años: su profesionalidad y buen hacer han resultado decisivos para el correcto funcionamiento de esta administración. Estoy absolutamente convencido de que seguirá siendo así.

En esta tarea espero contar también con la debida colaboración y lealtad institucional entre administraciones, con independencia del signo político de sus responsables.

El cumplimiento de los compromisos y el respeto a los acuerdos está por encima de los intereses partidistas. La Laguna no es una ficha de cambio, no es una pieza en el tablero del ajedrez de la política.

Es una ciudad con más de cinco siglos de historia, patrimonio mundial de la Humanidad, que ha tenido un papel protagonista en el devenir del Archipiélago. Y vamos a seguir defendiendo ese protagonismo en el conjunto de Canarias.

A quienes se incorporan hoy a las tareas de gobierno y a quienes continúan en el ejercicio de sus responsabilidades al frente de la gestión municipal, les reclamo absoluta disposición para trabajar por la ciudadanía; les demando el máximo rigor en el desempeño de la gestión pública; les exijo rectitud y ejemplaridad.

Tenemos una enorme responsabilidad con nuestros vecinos y vecinas. Y la responsabilidad no se delega. Se asume y se ejerce.

A quienes les corresponde afrontar hoy las tareas de la oposición, les pido también grandeza de miras y máxima responsabilidad.

La trayectoria de este Ayuntamiento ha estado demasiado tiempo condicionada por una manera de hacer las cosas propia de la vieja política, esa que busca el enfrentamiento y la crispación y desprecia los consensos.

Pasemos de una vez por todas esa página. Basta de judicializar la política. Basta de ataques personales que sobrepasan con mucho la labor de fiscalización. Basta de denuncias falsas sin fundamento. Basta de cacerías políticas dentro y fuera de este salón de plenos.

Permítanme aquí un apunte personal, para dar públicamente las gracias a quienes han sido mi principal soporte en los momentos más duros de estos cuatro años: mi familia.

Ellos han tenido que sufrir en su propia persona los ataques que iban dirigidos contra este alcalde; ellos han soportado injustamente acusaciones y calumnias. La política no es una guerra, no debe serlo, y no todo está permitido.

La responsabilidad con la ciudadanía no es exclusiva del grupo de Gobierno, sino de todos y cada uno de los que hoy nos sentamos en este Salón de Plenos.

Somos representantes de la voluntad popular y tenemos que estar a la altura de lo que el pueblo de La Laguna exige de nosotros. Respondamos a lo que la sociedad nos pide: trabajar conjuntamente y sin descanso para mejorar el estado de bienestar de nuestros vecinos y vecinos.

Los políticos no estamos aquí para ser protagonistas de la vida pública, sino servidores del bien común. Si asumimos que nuestro paso por esta institución es temporal, hagamos que este sea un tiempo fructífero, que contribuya a enriquecer la vida de la ciudadanía. No nos cansemos de buscar soluciones para los problemas de nuestros vecinos y vecinas. Hagamos honor a la confianza que han depositado en nosotros.

Tenemos la obligación de atender las necesidades del aquí y ahora; abordar sin dilación los grandes problemas del municipio: la vivienda, la movilidad, la accesibilidad, la atención social…

Pero nuestra acción política debe tener también un horizonte amplio. Nuestra tarea no puede estar guiada por el cortoplacismo. No podemos renunciar a pensar en el futuro y establecer los cimientos sólidos que nos permitan construir La Laguna que queremos para nuestros hijos e hijas.

Tenemos una misión honorable. Hacer que la vida de los laguneros y las laguneras sea una vida mejor.

La vida de los trabajadores y trabajadoras que madrugan cada mañana para sacar adelante a sus familia; la de los pequeños empresarios y autónomos que arriesgan sus ahorros para mantener sus negocios, insuflando dinamismo a la economía local y generando empleo; la de quienes buscan trabajo y no lo encuentran; la de los estudiantes que quieren completar su formación; la de los jóvenes que sueñan con una vivienda propia para poder independizarse; la de nuestros mayores, que poseen un enorme capital de sabiduría y experiencia que aportar a nuestra sociedad; la de las personas que carecen de lo más básico, y a los que la sociedad parece haber dado la espalda. Respondemos ante todos ellos.

En 2019 iniciamos un camino que puso en el centro de la vida política a las personas. En la mañana de hoy, les invito a todos y cada uno de ustedes a salvar nuestras diferencias, y trabajar por ese objetivo común desde este salón de plenos que representa la pluralidad de este maravilloso municipio que es San Cristóbal de La Laguna.

Muchas gracias.

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