Curiosidades e historia de la Cuaresma y la Semana Santa lagunera: «Si le llueve al Cristo de las enagüitas habrá buen tiempo»

La ciudad de La Laguna sale esta tarde al encuentro de una de sus imágenes más queridas y singulares: el llamado “Cristo de la faldita” o “de las enagüitas”, conocido popularmente, en román paladino, como “El Nagüitas”
El Santísimo Cristo de Burgos constituye una de las devociones más arraigadas del sentir lagunero. Parte de su fama se debe, sin duda, a su peculiar iconografía: viste un paño de pureza en forma de enagüita, elaborado en blonda y con tira bordada, notablemente más corto que el del Cristo venerado en Burgos. A ello se suman los característicos huevos situados a los pies de la cruz, a modo de tembladeras, que han contribuido también a la popularidad de sus sobrenombres.
La imagen conserva elementos propios de la tradición medieval, como los cuatro clavos en la crucifixión. Presenta la cabeza inclinada hacia la derecha, con cabellera y barba talladas, corona de espinas leñosa y nimbo. Esta iconografía guarda relación con la imagen desaparecida en el incendio de la iglesia de San Agustín en 1964, obra del escultor canario Lázaro González Ocampo (1651–1714). Aquella talla, fechada en 1668, procesionó por primera vez el 23 de marzo de 1681, acompañada por la ya desaparecida Hermandad de la Cinta, fundada en 1613 por maestros canteros y cabuqueros en el convento agustino lagunero.
También se ha mantenido la tipología original de la cruz, de estructura plana —no arbórea—, adornada con casquetes metálicos y con el corazón agustiniano a los pies del Señor. La cofradía continúa, además, con la tradición de colocar huevos de avestruz a los pies de la cruz, evocando la leyenda según la cual un mercader los ofreció al Cristo burgalés.
Entre las muchas tradiciones de la ciudad, existe una curiosa creencia popular: si en este Domingo de Pasión, quinto de Cuaresma, llueve durante la procesión del Cristo de Burgos, se augura buen tiempo para la Madrugada del Viernes Santo y el resto de las procesiones. Por el contrario, si la jornada transcurre con cielos despejados, el sentir popular anuncia una Semana Santa marcada por la lluvia y el viento. Ya se sabe: “en abril, aguas mil”.
Y si finalmente la lluvia hace acto de presencia, en La Laguna nunca falta un lugar donde cumplir con la penitencia… aunque sea de forma más terrenal: bastará con unos “latigazos”, eso sí, siempre acompañados de un buen vino del país.
