«Cuestión de género» (II), por Fátima Hernández Martín

(…)  Una dudosa clasificación de la quina

Quina es el nombre común que reciben actualmente todas las plantas del género Cinchona y unas pocas de los géneros Remijia y Ladenbergia, cuyas cortezas tienen propiedades medicinales, entre las que destacan su poder antimalárico/antipalúdico (Cuvi, 2018). De acuerdo con Medina Rodríguez (2007) y Crawford (2016), Carlos Linneo, en su obra Genera Plantarum (1742), teniendo como base las descripciones e ilustraciones de La Condamine, quien estudió (en 1737) la planta en las montañas de Caxanuma (a diez kilómetros al sur de Malacatos, Loja, actual Ecuador) dentro de la expedición franco-española al Ecuador americano, clasificó el árbol de la corteza de quina en un nuevo género, Cinchona y, años más tarde la especie tipo, Cinchona officinalis (quina fina de Loja) (ver figura 2), a partir de la muestra de una planta que le suministró José Celestino Mutis junto con una lámina (Species Plantarum, 1753). Al género lo llamó de esta manera, en honor de la Condesa de Chinchón. Linneo erró al escribir la palabra y en lugar de Chinchona, como habría sido lo correcto, puso Cinchona (que se lee igual en latín). Ruiz (1994) se expresa en los siguientes términos: “Linneo debió haber expresado el título de los Condes de Cinchón en su género, dándole el nombre de Chinchona y no el de Cinchona, con el que también le nombro yo, atendiendo al canon 243 de su Filosofía Botánica en que dice: Nomen genericum dignum alio, lices optiore, permutare non licet”. El nombre está inspirado por el relato clásico del médico Sebastiano Bado quien, en 1663, menciona la corteza de Perú para combatir la fiebre, referido a su vez por Antonio Bolli, (comerciante genovés) en su obra Anastasis corticis Peruviae seu china china defensio, quien comentó la llegada de la corteza de quina a la medicina occidental, con el extraño asunto de la esposa del Conde de Chinchón, Virrey de Perú, afectada de tercianas (paludismo), algo que, como hemos comentado, no solo es confuso sino inexacto para muchos estudiosos.

Con posterioridad, la expedición al Virreinato de Nueva Granada de Celestino Mutis (entre 1783 y 1808) y su competidora, la expedición de Hipólito Ruiz y José Pavón, dan como resultado la descripción de numerosas especies (dieciséis) del género Cinchona. La especie más utilizada para tratar las fiebres, por entonces, fue Cinchona pubescens, descrita por el botánico danés Martín Vahl (a partir del material del botánico Antoine Laurent de Jussieu) (Jussieu, 1714), aparentemente recolectada en el mismo lugar que las muestras de La Condamine (Andersson, 1998; Andersson & Antonelli, 2005).

Todo esto, evidentemente, generó mucha polémica (Fernández Pérez, 2019; Fernández Pérez et al., 2004; González Bueno, 2008), favoreciendo la entrada en el mercado de nuevas especies con nombres vulgares (uritusinga, pata de gallinazo, costrona fina, cascarilla serrana hoja de lucma, crespilla, hoja ahumada, hoja de zambo…) (Fernández Pérez et al., 2004). Pero también provocó una serie de intrigas donde la confusión reinante sobre el origen de las quinas (Puerto Sarmiento, 2008; Rey Bueno, 2015), las discusiones frecuentes entre botánicos y el interés económico del material era caldo de cultivo. Por ejemplo, cuentan que se detuvieron 177 cajones con más de 21.000 kilos de quina procedente de Nueva Granada, en Cádiz, el 17 de junio de 1788 y el Marqués de Bajamar, sumiller de corps, declaró el inconveniente de la quina de Bogotá, el 25 de febrero de 1789, prohibiendo los envíos a la Corte de Madrid. Según Fernández Pérez et al. (2004), a partir de entonces la única quina que recibe la Real Botica será la de La Loja (según los autores, adulterada con bastante probabilidad). De hecho, se creía que no había quina fina en otro lugar, más allá de Loja.

Uno de los eruditos que más contribuyó a aclarar esta situación fue Francisco José de Caldas (astrónomo y geógrafo, natural de Popayán), al considerar la quina fina de Loja como especie endémica: “…la especie de quina conocida por los botánicos con el nombre de Cinchona officinalis, esa especie eminentemente febrífuga, bosquejada sobre esqueletos por el ilustre Mutis y publicada por el Caballero Carlos Linné, no se halla esparcida como las otras de su género. Una porción del Corregimiento de Loxa es la depositaria única de esta planta preciosa…”.

Descubrimiento del uso terapéutico

Respecto al origen del uso de la quina como específico contra las fiebres palúdicas, existen también varias hipótesis: según unos, caso de La Condamine: los naturales de aquel país tuvieron por mucho tiempo oculto este espécimen a los españoles…y el conocimiento de dicho uso terapéutico procedería del saber tradicional de los indios (cultura Palta) que, en algún momento, lo habrían transmitido, utilizando la quina para suprimir los escalofríos producidos por el frío, ya que inhibe la respuesta del músculo estriado, revelando que no solo controlaba dichos escalofríos sino también los accesos de fiebre e incluso la misma enfermedad.

Antoine Laurent de Jussieu, que señaló otra quina de la región de Loja (determinada por Martin Vahl como Cinchona pubescens) (Andersson, 1998), en relación a su uso terapéutico, relata en su informe: Description de l’arbre a quinquina, lo siguiente: “Es cierto que los primeros en conocer las virtudes y la eficacia de este árbol fueron los indios del pueblo de Malacatos. Como tenían que sufrir mucho por la inconstancia del clima caliente y húmedo y por las fiebres intermitentes, se vieron obligados a buscar un remedio contra una enfermedad tan molesta. Durante el reino de los Incas, los indios eran botánicos expertos y sutiles conocedores de las virtudes de toda clase de hierbas. Según experiencias hechas con diferentes plantas, encontraron que la corteza de la quinquina era el remedio definitivo y casi el único contra las fiebres intermitentes. Este árbol no tenía entre ellos otra denominación que la que deriva de sus virtudes. Lo llamaban yarachucchu carachucchu. Yara significa árbol, cara la corteza, chucchu escalofrío de la fiebre. Lo llamaban también ayac cara, lo que significa corteza amarga”.

Otros, caso de Alexander Humboldt y Aimée Bonpland (Humboldt, 1821) que, avisados por Mutis de la polémica sobre la quina, y junto a Francisco José de Caldas, estuvieron en Loja (Appel, 1994; Caldas, 1805), estudiando la famosa planta, entre 1800 y 1805, opinaban que los jesuitas habían logrado la proeza de encontrar su uso terapéutico. Señalemos, además, que durante su estancia en Loja (del 23 al 28 de julio de 1802) Humboldt y Bonpland comprueban que la quina que les muestra Mutis (Cinchona pubescens) no coincide con la quina verdadera.

Aplicaciones médicas

Según Aymard (2019), las cortezas y raíces de las diferentes especies de los árboles del género Cinchona (entre ellas Cinchona Calisaya, Cinchona officinalis y Cinchona pubescens) han sido ampliamente utilizadas por su virtud febrífuga, igualmente para las arritmias cardiacas, los calambres musculares, resfriados, indigestión, fibrilación auricular, como tónico eupéptico, catarro, aceleración del parto y loción capilar. De hecho, la corteza del árbol (molida) fue durante mucho tiempo el único remedio contra el paludismo (Medina Rodríguez, 2007), hasta que en el siglo XIX se extrajo el alcaloide llamado quinina, sustituido en el siglo XX por compuestos sintéticos. Como dato de interés, sobre su importancia económica, de acuerdo con Aymard (2019), durante los siglos XVII y XVIII se exportaban a Europa medio millón de kilos se cortezas por año (Roersch van der Hoogte & Pieters, 2015, fide Aymard, 2019). Según Larreátegui & Lafuente (2013), solo en 1785 se enviaron a Europa más de un millón de libras de corteza y, mientras en Loja la libra de cascarilla (=corteza de quina) costaba menos de un real, en España se llegó a vender a 18 reales de plata (Larreátegui & Lafuente, 2013).

Género Cinchona

En realidad, hasta que eruditos como La Condamine, Linneo o Mutis, trabajaron en la clasificación de las especies del género Cinchona, hubo mucha confusión respecto a las especies del árbol de la quina que, además, tenían en la corteza distintas concentraciones de alcaloides. A esto se añade que, durante décadas, fue fácil engañar con lo que se conocía como “polvos de los jesuitas” con registros de, al menos, una falsa corteza (Iva frutescens, planta de la familia Asteraceae) que, algunos carentes de ética, aprovechaban para vender como quinas (falsas naturalmente). Recordemos que Monardes ya había escrito sobre las propiedades antitérmicas y de otra naturaleza de la raíz de china, planta mexicana muy socorrida durante los siglos XVI-XVIII, mejor conocida como zarzaparrilla (Smilax officinalis) y Van der Heyden (Gante, 1643) mencionó el uso de otra quina (Pulvis indicus o Pulvis jesuitti) para combatir tercianas y cuartanas.

Con el tiempo, durante los siglos XVIII y XIX, nuevas especies fueron descritas por J.C Mutis (1793), H. Ruíz-López y J.A. Pavón y Jiménez (1799, 1802) y A. von Humboldt y A. Bonpland (1805, 1808). Pero tuvieron que pasar muchos años (Aymard, 2019) para que Cinchona y otros géneros afines fuesen debidamente organizados (estudiados por taxónomos) dentro de la tribu Cinchoneae (Sánchez-Mata, 2008).

Según Aymard (op. cit.), el género Cinchona, familia de las Rubiáceas, comprende 24 especies procedentes de Sudamérica, distribuidas por Costa Rica, Panamá y, en los Andes concretamente, desde Venezuela a Bolivia. Al abrigo de esta cordillera, a una altitud entre 5000 y 7000 pies, donde el clima es cálido y húmedo, crecen los árboles del género Cinchona, por lo general desde 1.000 a 3.000 metros, aunque hay especies que se desarrollan también en tierras bajas. También crecen en Perú, Ecuador, Colombia y Bolivia a temperatura fresca y constante y a alturas entre 800 y 3000 metros sobre el nivel del mar. Ausente en Brasil, Guayanas, Méjico y Cono Sur, varias especies han sido introducidas (a través de plantaciones) en el sur de México, Guatemala, Antillas Mayores, regiones tropicales de África (Madagascar), India, China y Sudeste asiático (Taylor et al., 2014). Además, Cinchona pubescens (quina amarilla, la más cosmopolita) está considerada como planta invasora en Galápagos, Hawai y Tahití, causando daños importantes a la vegetación local (Jáger, 2015). En el caso concreto de la isla de Santa Cruz (Galápagos), esta especie (introducida por un hacendado en el siglo XIX) ha formado un bosque que constituye gran peligro para las especies autóctonas.

Aunque existen diversos métodos de recolección, el tradicional consistía en derribar el árbol y descortezarlo, lo cual, en el transcurso de un siglo de intensa exportación, hizo temer que la preciada corteza terminase por desaparecer. Se recomendó a los recolectores que cada vez que derribasen un ejemplar plantasen varios jóvenes, pero la recomendación no tuvo éxito. El aspecto y cualidades de la quina (corteza) difieren según la especie de la cual proceda. Las principales especies de las que se obtiene son: Cinchona calisaya, Cinchona succirubra y Cinchona oficinales (Larreátegui & Lafuente, 2013). La corteza contiene los siguientes alcaloides: quinina, quinidina, cinchonina y cinchonidina. Aparte de estos, posee también principios astringentes (taninos) y otros compuestos como los ácidos orgánicos (ácido quinotánico, rojo cincónico), así como los compuestos terpénicos que intervienen en su amargor.

Las cantidades de alcaloides de quinina no solo varían entre especies sino entre poblaciones de diferentes regiones, complicando la identificación de las cortezas más productivas. Por ejemplo, Cinchona calisaya (la llamada quina de corteza amarilla) produce la mayor cantidad de alcaloides (Nair, 2010, fide Aymard, 2019). Según Aymard (2019), se sabe que la corteza de otros géneros de la tribu Cinchoneae (géneros Ladenbergia, Pimentelia y Remijia) también contiene alcaloides efectivos para el tratamiento contra la malaria/paludismo (Cosenza et al., 2013).

Los bosques de Cinchona han estado sometidos a una enorme presión antropogénica en los últimos 350 años (Aymard, 2019), por lo que en algunos enclaves de Asia (zonas con nuevas plantaciones) se han desarrollado técnicas para colectar la corteza (de una forma concreta), caso de colocación de musgos que permiten regenerar la zona afecta. Dicen los expertos que los ecosistemas que albergan bosques de Cinchona pueden esconder aún nuevas especies para la ciencia (Chilquillo-Torres et al., 2017, 2019 fide Aymard, 2019) (…).

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