Reflexión para la Nochevieja ¡OREMOS POR PARÍS! Por Julio Torres

La vida sigue, pero sin olvidar lo que dejamos de detrás
El próximo jueves día 31 de diciembre de nuevo nos reuniremos en el último día del año, pero antes de salir o de las uvas y los cohetes, «voladores» en mi tierra, tendremos un ratito para dar gracias a Dios por todo lo que hemos recibido, durante el 2015 las alegrías y las penas, los triunfos y los fracasos, el bien que hemos hecho y el mal que no hemos sabido evitar. Desde La Laguna Ahora queremos mirar al mundo con esperanza, porque la última palabra de todo no la tiene la muerte, ni el odio, ni la violencia sino el amor, la paz y la vida. Vamos a orar por todo lo que hemos vivido a lo largo de los 365 días, sin olvidarnos de las víctimas del terrorismo.
Esa noche santa, en la que contemplamos al Niño Jesús apenas nacido y acostado en un pesebre, nos invita a reflexionar. ¿Cómo acogemos la ternura de Dios? ¿Me dejo alcanzar por él, me dejo abrazar por él, o le impido que se acerque? «Pero si yo busco al Señor» –podríamos responder–. Sin embargo, lo más importante no es buscarlo, sino dejar que sea él quien me busque, quien me encuentre y me acaricie con cariño. Ésta es la pregunta que el Niño nos hace con su sola presencia: ¿permito a Dios que me quiera? ¿Tenemos el coraje de acoger con ternura las situaciones difíciles y los problemas de quien está a nuestro lado, o bien preferimos soluciones impersonales, quizás eficaces pero sin el calor del Evangelio?” (Papa Francisco en la Misa de Nochebuena).
