Bienvenidos a las fiestas del Santísimo Cristo 2016. José Alberto Díaz Domínguez, Alcalde de San Cristóbal de La Laguna

El anuncio de la llegada del otoño coincide en La Laguna con el tributo anual al Cristo crucificado, que convive con sus ciudadanos desde hace cinco siglos. Esta talla, que transmite la misma serenidad que proyectan los muros de la ciudad, ha sido refugio en tiempos de penurias, de necesidad, de epidemias y sequías, son miles los canarios que han depositado su fe en la Santa Imagen, que llegase a la ciudad en las primeras décadas del siglo XVI.
La Laguna, que es un tesoro en sí misma, guarda en iglesias, conventos, ermitas y casas particulares un rico patrimonio mueble que es en este tipo de festividades cuando sale a la calle y puede ser admirado por la mayoría. La realista imagen, que preside el Santuario de la plaza de San Francisco durante todo el año, impregna de sobrecogedor silencio su caminar por las calles de la ciudad, ante la mirada respetuosa de miles de fieles que cada año cumplen con esta tradición.
El Santísimo Cristo de La Laguna es sinónimo de fe, de devoción, pero también lo es de alegría, de fiesta. En su homenaje anual se sucede también un programa de actividades que pretende ofertar una propuesta de cultura y ocio acorde con los gustos de la mayoría. En los últimos años la recuperación de tradiciones que estaban aparcadas, que no olvidadas, han fortalecido la raigambre de los laguneros para con sus fiestas mayores.
Al abrigo de su protección, generaciones de laguneros y laguneras han cimentado el desarrollo de esta ciudad, llevándola hasta lo que es hoy en día, moderna, viva, orgullosa de su pasado y optimista respecto a su porvenir. Es el momento pues de renovar esos votos y afrontar, todos juntos como se ha hecho hasta nuestros días, los retos a los que nos enfrentamos en este tiempo de dificultades.
Las fiestas son motivo de celebración, de homenaje, pero son también representación de unas tradiciones que, a través de símbolos, nos dicen de dónde venimos y quiénes somos. Es en septiembre cuando La Laguna exhibe esos símbolos, esos estandartes, su rica orfebrería, todo como parte de la proyección de un majestuoso pasado del que todos nos sentimos especialmente orgullosos.
Comparto con todos ustedes mis deseos de que estas fiestas del Santísimo Cristo de La Laguna conviertan en el mes de septiembre y una vez más a esta ciudad, cinco veces centenaria, en el centro de la fe, la cultura y las tradiciones del Archipiélago.
