Bajamar-La Punta y aquellas canciones del verano

Echemos la vista atrás e introduzcamos la nariz en nuestro baúl de los recuerdos, como el de aquella pegadiza canción de Karina, para ver mejor el presente. Hubo una vez Un rayo de sol. ¿Recuerdan? Hoy los diablos, los rayos y las centellas provienen de las altas cumbres económicas y políticas. Dispuestas a todo con tal de tener al personal a su merced.

Al que le molestan las campana del reloj de La catedral bailó, probablemente, la Macarena de Los del Río y ahora tienen el baile de San Vito y le molesta el «ruido». El trío Las Ketchup nos regaló un endemoniado Aserejé, pero la salsa fuerte la ponen hoy las circunstancias. Y es que, señoras y señores, aquí hay tomate. O La bomba, de King África.

A quién le importa lo que yo haga, grita el campanero recordando a Alaska y Dinarama. La gresca suena y uno evoca aquello de Amigos para siempre, la rumba de Los Manolos, refiriéndonos al interes cofrade del sujeto. Yo quiero cantar, decían Sonia y Selena. Trincar una vara en el caso de algún que otro personaje, incluyendo al honorable del reloj. No rompas más mi corazón, cantaba Coyote Dax. A nosotros nos los parten continuamente en La Laguna entre unas cosas y otras.

David Cibera nos cantó Que la detengan, sin referirse a la responsable de ninguna concejalía, y suena en nuestra memoria el Ave María de Bisbal. Precisamente, a la virgen le rezan todas las noches los granujas al que molesta el reloj y los repiques. A la espera de un milagrito de última hora. Azúcar Moreno pregonaba que Sólo se vive una vez. Por eso le molesta que las campanas le recuerden que le que una hora menos y esperan que éstos canten alegres Ven, devórame otra vez, al igual que Lalo Rodríguez lo hizo.

El tiburón, de Proyecto Uno, era un cuento infantil comparado con los tiburones de las altas finanzas, cuyas fauces nos acechan. El Probe Miguel fue cosa de Triana Pura. Probes ciudadanos con la que cae. Y lo que falta. Gloria, de Humberto Tozzi, e infierno para quienes pagan facturas ajenas. Qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000. De acuerdo. Ya ven que hay cuestiones más inverosímiles que la vieja canción de Los Inhumanos.

La escoba, de Los Sirex, debería seguir sirviendo para barrer la basura de diferente tipo que nos invade. La pobreza infantil, el paro y el subempleo piden auxilio como Tony Ronald lo solicitó en su momento con Help!, ayúdame. Menos mal que siempre podremos interpretar aquel tema llamado Canta y sé feliz, de Peret, o decir Saca el güiski, Cheli evocando al grupo Desmadre 75.

Karina nos lanzaba Las flechas del amor. Amargas flechas lanzadas en este caso contra la gente de a pie. Échame a mí la culpa, cantan los mercados, los organismos internacionales, el Gobierno y los pecadores de turno en recuerdo de Albert Hammond. La población replica cantando ¿Qué pasa contigo, tío?, canción de Los Golfos que obtuvo mucha popularidad.

La boca del lobo es la de los grandes depredadores que nos atacan con su mal aliento. De ahí que siempre haga falta una Caperucita feroz como aquella de la Orquesta Mondragón con Gurruchaga al frente. La cuestión es resistir y contrarrestar pese a todo. El Dúo Dinámico lo dijo con Resistiré para que no podamos repetir permanentemente lo de La vida sigue igual, como afirma Julio Iglesias, y busquemos La felicidad que un día, en el verano de 1971, encontró Palito Ortega.

Los del PP tararean Y viva España, de Manolo Escobar, y celebran la “salida de la crisis”, con los poderes económicos y la caverna mediática, danzando El baile de los pajaritos y siguiendo el ritmo de los casposos acordeones de Botella, Cospedal y Sáenz de Santamaría. Georgie Dann cantaba La barbacoa y más de uno está chamuscado actualmente. Y Mecagüentó. Pues eso mismo dicen más de cuatro. Después se puso a cantar El veranito. Caliente, caliente está el paisaje.

También te podría gustar...