Aquel Entierro de la Sardina lagunero no se celebraba el Miércoles de Ceniza. Por Julio Torres

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Durante las “Fiestas de Invierno” se trucaba el calendario para que el día del entierro de la sardina -por supuesto, prohibido- no coincidiera con el Miércoles de Ceniza. Reconquistadas las libertades, rescatamos los “carnavales” y un grupo de entusiastas laguneros restauró tal doloroso evento, recitando el lema:

“La sardina se murió
ya la vamos a enterrar
cuarenta palanquines,
un cura y un sacristán”

Unos de los principales artifices de la recuperación del entierro de la sardina fue José Luis “Garabote” y Tomás Morales, entonces Concejal de Fiestas del Ayuntamiento de La Laguna. En la imagen posa ante una de sus magistrales sardinas; corría el final de la década de los setenta.

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Ya en la calle de la Carrera, el cortejo fúnebre, perfectamente organizado, aparece encabezado por (de izquierda a derecha): Ignacio -con bigote-, José Luis -de cura, con barba-, Miguel “el rana” -de cura “del oeste”-, Rubén -de obispo-, Tomás Tejera -Concejal de Cementerio-o el tristemente desaparecido Chuchin “el cuijo” -de dormilón-, Pedro “Pecuario” -de desconsolada viuda-, Agustín Laguna -también de viuda- y Alfonso.

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