ANTONIO PASSAPORTE, FOTÓGRAFO DE LOTY, PASÓ POR LA LAGUNA EN 1931 (IX)

Vista parcial de la lagunera calle de San Agustín, a la derecha la iglesia del Hospital de Dolores, al fondo y por el mismo lado la Casa Palacio de los Condes del valle de Salazar o popularmente «Palacio del Obispo». Cromofotografía de António Passaporte (La Laguna segunda quince de abril de 1931). Fototeca Nacional.
HISTORIA Y ARQUITECTURA DE LA CASA PALACIO DE LOS SALAZAR EN LA LAGUNA (ACTUAL SEDE EPISCOPAL). Por Sebastián Matías Delgado Campos
La Arquitectura de la Casa-Palacio Salazar tal como llegó a nuestros días
Se trata de un edificio de dos plantas sobre las que debe añadirse la pareja de torreones que rematan ambos extremos de la crujía de fachada. La casa se organiza en torno a un gran patio central definido por las galerías (sólo en tres de sus lados, pues no la hay en el costado que mira al levante).que preceden a las distintas estancias. En planta baja, los soportes son de cantería de estilo corintio sobre elegantes plintos con dibujo romboidal; mientras que, en la alta, el cerramiento se resuelve (al igual que ocurre en el Palacio Nava, con el que tiene tantas afinidades), con fábrica de bloques de toba volcánica, encalada, con amplios ventanales de guillotina acristalados cuyo ritmo se acomoda al de los intercolumnios de planta baja.
Es bastante probable que esta formulación del cerramiento de planta alta no se corresponda con la definición primitiva, más ligera, casi siempre de madera, con sus pilarcillos (no solían seguir el ritmo de la planta baja, sino uno más corto), sus barandas con cojinetes, balaustres, etc., pero hay serias razones climatológicas para comprender dentro del clima lagunero, que, en algún momento se optase por la solución que hemos contemplado.
No hemos encontrado en el necesario derribo de estos paños de pared, parcialmente destruidos y el resto inestables tras el incendio, señal alguna de otra definición anterior, que de haber sido de madera hubiera enriquecido notablemente la imagen del patio, por lo que es necesario dar por buena la imagen que nos llegó, realmente más sobria que las de otras construcciones importantes de la época, tales como las casas Alvarado- Bracamonte o Lercaro-Justiniani.

Casa Palacio de los Condes del valle de Salazar o popularmente «Palacio del Obispo». Cromofotografía de António Passaporte (La Laguna segunda quince de abril de 1931). Fototeca Nacional.
La escalera principal, de tres tramos, es de cantería con elegante definición abovedada. Hay un pequeño patio incardinado en la fachada que da al norte (realmente el NO) que dispone de dos soportes de madera con elegantes zapatas de coronación y otro de cantería, de estilo corintio y plinto cuya definición es diferente (y seguramente más antigua) a la de los soportes del patio principal pues el dibujo de su plinto está muy ligado a los de la portada del Hospital de Dolores (Juan González Algalet) y a los del patio principal de la Casa Grimón o Palacio Nava (Juan Benítez, es quizá el creador).
Tal y como corresponde a la época de su construcción (siglo XVII) la técnica constructiva se materializa mediante paredes de mampostería ordinaria de piedra basáltica aglomerada con barro y encaladas. Los elementos horizontales son de madera de tea (“pinus canariensis”) con entramados de piso de envigado y tablero con junquillos para evitar el paso del polvo, y techos de diversa formulación.
Dentro de estos últimos, destacaba el de la escalera principal, el más importante y lucido de la casa, como es tradicional, que era ochavado con un vistoso artesonado de madera de cuyo almizate colgaba un espectacular perillón. Le seguían en interés los de la crujía del poniente que reflejaban en su propia definición no sólo la existencia de un proceso de ampliaciones sucesivas, sino, también, la inquietud por caracterizar cada espacio de forma individual, pues se sucedían uno de planta cuadrada con techo en punta de diamante, uno rectangular transversalmente ochavado y uno rectangular a cuatro aguas, con pérdida del siguiente que debió ser de similar formulación.
Aún hay que registrar dos techos gemelos a cuatro aguas sobre planta rectangular transversal, que aunque inicialmente destinados a estancias diferentes, fueron unificados en una sola estancia, el comedor de gala, decorado en sus paredes en un estilo tardo romántico con pinturas de López Ruiz.
El resto de los techos presentaba una doble formulación como techo y como cubierta. La de techo mediante vigas horizontales transversales a los paramentos, sobre las que se disponía el tablero, y la de cubierta mediante armaduras de par y nudillo en lo relativo a las crujías interiores (el espacio entre el nudillo y la cumbrera es suficiente en la del fachada como para permitir la circulación interior para ir de un torreón a otro), y solamente vigas inclinadas para la formación de pendientes, en las galerías, por cierto todas de un mismo ancho, tan generoso, que hubiera permitido incluso artesonados a cuatro aguas como ocurre en algunos edificios posteriores (Casa Montañez, Colegio de los Jesuitas, etc.).

Casa Palacio de los Condes del valle de Salazar o popularmente «Palacio del Obispo». Cromofotografía de António Passaporte (La Laguna segunda quince de abril de 1931). Fototeca Nacional.
Sobre estos techos, y tras sellar el espacio interpares con enripiado y torta de cal sudada, y falsear los espacios entre los diferentes techos con caballetes ad hoc, la cubierta de teja curva o árabe, definiendo las largas crujías del recinto. Alguno de estos techos y cubiertas aparecen a mayor altura, sin que sepamos qué razón lo justificaba.
Especial mención merece la crujía del costado de poniente, que lucía al exterior un magnífico balcón corrido a lo largo de su fachada, de madera, sobre dos filas de canes de vuelo sucesivo, con su barandal formado por cojinetes, balaustres y pasamanos, y sin tejaroz por cuanto el alero cobraba similar importancia a la del vuelo del balcón conseguido mediante un sistema similar, dos filas de canes de apeo sucesivo.
Precediendo a la crujía que mira al levante, y tal como ya ha quedado dicho, la galería mandada a construir por el obispo Rey Redondo, que es de madera, con esbeltos y sencillos soportes de madera en planta baja y cerramiento de madera acristalado en la planta alta, cuyo antepecho luce una definición singular, ajena a lo tradicional, pero de gran interés por su sencillez no exenta de elegancia.
Sin embargo y a pesar de todo lo descrito, el mayor interés arquitectónico de este edificio reside en su fachada, felizmente salvada de su destrucción y capaz, por si sola, de merecer todos los elogios que históricamente ha recibido y recibe esta construcción, como la muestra más culta y refinada de la arquitectura civil antigua en Canarias.
Toda ella es de cantería y su definición y ejecución histórica presenta una interrelación con la otra fachada monumental de La Laguna, la del Palacio Nava. Porque, en efecto, el llamado Palacio Nava, se comenzó como Casa de los Grimón (cuyo escudo campea sobre la puerta), hacia 1585, y hacia 1590 empieza su aportación el cantero Juan Benítez que llega a realizar incluso las ventanas del piso alto y la esquinería, y hay incluso obras ejecutadas por el maestro Manuel Penedo, todo ello antes de la erección de la Casa Salazar y, especialmente de su fachada.
Por tanto, cuando, en 1640, el maestro carpintero Juan González de Castro Illada (que había estado trabajando en los distintos techos de la casa) recibe el encargo de trazarla y dibujarla se basa en la del Palacio Nava, cuya organización repite, en número y disposición de los huecos y en formulación de la portada, bien que, por su mayor dimensión longitudinal, el edificio resulta más equilibrado.
Castro Illada, enriqueció la formulación tardo renacentista o manierista del modelo con múltiples detalles de superior refinamiento (el mismo fue el autor de las plantillas y moldes necesarios para su labra), e incluso diseñó su tímpano de coronación dentro de una estética que apunta al barroquismo con una cierta tendencia al “horror vacui”, que, en ocasiones apunta hacia lo hispanoamericano.
La realización, en cantería de Pedro Álvarez, de esta hermosa obra corrió a cargo de los maestros Juan Lizcano y Andrés Rodríguez Bello que, no contentos con su realización material, aportaron el diseño tan peculiar y palaciego, con la complacencia, según parece, de Castro Illada, de los dos torreones extremos, que hoy carecen de su remate superior pues, en el XIX, tenían cúpulas de plomo y veletas, elementos ambos que se han perdido y que contribuían a dar mayor solemnidad a la fachada.
Especial consideración merece, dentro de esta fachada, el cuerpo central con su organización a doble altura, como intercolumnio de columnas pareadas de orden corintio. Esta formulación de la columna pareada que hiciera el maestro peninsular, Juan Benítez, para la Casa Grimón (hay un muy ilustre precedente en la magnífica portada renacentista del templo parroquial del Salvador, en Santa Cruz de La Palma), había de hacer fortuna en Tenerife, en el XVII, como puede verse, además de en la portada de nuestra casa Salazar, en la de la iglesia del Hospital de Dolores (Juan González Algalet, o el Galés) en la ciudad de Aguere, en la del templo agustino del Cristo de Tacoronte (Domingo Rodríguez Rivero), o en la de la llamada Casa de Piedra, en Garachico, en realidad la Casa de los Condes de La Gomera y Marqueses de Adeje (Antonio Pérez y Luis Baez Marichal). Y aún fuera de esta isla, además del ejemplo palmero ya señalado habría que anotar la portada del templo franciscano de Las Palmas, la de la ermita de San Diego en Betancuria, la del Santuario de Nuestra Señora de La Peña, en la Vega del Río Palmas y hasta, en formulación apilastrada, en el templo parroquial de Nuestra Señora de Regla, en Pájara, estos tres últimos ejemplos todos en Fuerteventura.
El tímpano de remate que el maestro Castro Illada añade a este cuerpo central, lo convierte casi en un retablo, no en vano fue él, junto a su yerno el tallista Antonio Estévez, quién realizó el antiguo retablo mayor de la Basílica de la Candelaria, en Tenerife, por encargo del obispo Bartolomé García-Ximénez (que fue, por cierto, quien hizo venir de Gran Canaria a los ya citados Antonio Pérez y Juan Baez Marichal para la construcción de este templo). Este que debió ser importante retablo, con la imagen titular, se perdió en el tristemente famoso aluvión de 1826, lo que nos impide establecer algún tipo de vínculos compositivos o decorativos con esta fachada de los Salazar.
Este bellísimo frontis de delicadísimos detalles sirve de fondo al magnífico escudo de mármol de la familia Salazar, en el que destaca la decidida corona condal que salta del plano del resto del relieve, en un intento (muy propio del barroco), de reforzar su expresividad.
La norma general en las casonas que lucen el blasón familiar (para lo cual debía pedirse licencia al Cabildo de la Isla que lo concedía tras demostrarse pureza de sangre y de linaje) era colocarlo sobre la portada; pero Castro Illada, y esta es otra novedad, lo lleva al tímpano de coronación del cuerpo central, idea que incluso mantendrá mucho más adelante, en 1824, el maestro Juan Nepomuceno Verdugo cuando realice en un solemne discurso del más puro neoclásico, que inexplicablemente no ha sido valorado en su extraordinaria dimensión, la fachada del Ayuntamiento lagunero que mira a la Plaza del Adelantado y la remate con un tímpano en el que luce su precioso escudo barroco en el remate de la fachada del Palacio Nava, por obra de Andrés Rodríguez Bello (como hemos dicho uno de los artífices de la fachada de la Casa Salazar), que, además de los remates extremos de la fachada, proyectó su tímpano con un marcado sentido de verticalidad como puede apreciarse especialmente en el marco que sirve de fondo al escudo de los Nava.(mientras permanece abajo, sobre la portada el más antiguo de los Grimón).
La presencia de una balaustrada de madera ante el tejado (que queda oculto) es una llamada a la ligereza y contribuye a darle un aire más cortesano Seguramente la intervención de Rodríguez Bello se extendió al enchapado de la parte de fachada que no estaba labrada en sillares, labor que Juan Benítez reservó para los huecos y el cuerpo central. De esta forma la relación de influencias entre ambos edificios fue recíproca.
La familia Salazar
El historiador don Leopoldo de la Rosa Olivera, en su historia de la casa SALAZAR DE FRÍAS contenida en el Tomo IV del Nobiliario de Canarias refiere cómo se admite generalmente que el origen de esta familia se halla en Eudes o Eudón el Grande, Duque de Aquitania, fallecido en el año 725, padre de Walfredo o Gadifer que engendró a su vez a sus dos hijos Galindo y Gastón que pasaron a España y se establecieron por la zona de Navarra.
De don Galindo se dice que tomó parte junto a Bernardo del Carpio en la batalla de Roncesvalles, contra los Pares de Carlomagno; que, con su hermano pasó a Castilla la Vieja en la que llegó a construir el Castillo de Medina de Pomar y del que se hace descender, tras una extensa laguna, a Martín Galíndez de Salazar, nieto o biznieto de aquél, y tronco común aceptado de todos los Salazar, que “pobló en las Montañas de Burgos, donde fundó, cerca de la ciudad de Frías, en el lugar de Torbalina, la célebre Casa Solariega que tomó su nombre, Quintana (Aquitania) de Martín Galíndez, Señorío principal de la rama mayor de su estirpe”. Dice también nuestro historiador que es tradición que fundó otras siete Casas Fuertes y Torres, y que se halló con el Rey Don Ramiro I en la famosa batalla de Clavijo (884).
Se acredita también la intervención de miembros de esta familia en la toma de Coimbra (1054), la de Toledo (1085), la batalla de Alarcos (1195), la de las Navas de Tolosa (1212), la toma de Baeza (1227), la de Sevilla (1248), la batalla de Aljubarrota (1385), etc., y muchos de ellos han tenido merced de hábitos de las Órdenes Militares.
Al haber tomado partido por Pedro I “el Cruel”, a su muerte a manos de su hermano Enrique de Trastamara, fueron objeto y víctimas de persecuciones y desgracias hasta el punto de ver arrasadas sus casas fuertes. Más adelante, sus miembros vuelven a significarse y se recuperaron, concediéndoseles los marquesados de Estremiana y Agoncillo y los condados de Monteblanco, Monforte, Salazar, Valle de Salazar, y Salazar de Coonagh y de Romanegro, etc.
