ADIÓS A LA ROMERIA REGIONAL DE SAN BENITO ABAD (VI). Por: “Las cosas por su nombre”

Un fotograma de NODO de junio de 1967, muestra como la calle Marqués de Celad se llenaba tras la romería magas, tómbolas, ventorrillos y todo tipo de de «cacharritos y casetas de feria» ¿Cual es la razón de no venir los feriantes? mañana se lo contamos.
Imaginación, buena voluntad y conocimiento es lo que requieren las fiestas tradicionales e históricas de La Laguna y no recortes, ni caballitos fufos de imitación
En sesenta y nueve años, la romería ha dispuesto de numerosos colaboradores, pero, sólo unos pocos merecen el apelativo de “fundadores” -los de ahora son destrozadores-.
Para el próximo recorte y conmotivo de la celebarcón del 70 aniversario de la romería 1947-2017, les informamos bien cual fue el trayecto, será la autentica romería del barrio de San Benito.
Así, Pastor Hernández Arrón, padre de Manolo el pregonero de las fiestas de este año, unos año antes de morir contó, para el periódico “El Lagunero” fundado y dirigido por Julio Torres (nº 3, junio de 1994) que en 1946: “el recorrido de la comitiva procesional de San Benito, bajaba por Lucas Vega, cogía por el callejón de Andrés Rosas (Montaraz), de mi tío Andrés (por aquél entonces, mayordomo de la ermita de San Benito), seguía por la calle Maya, cruzaba la Calle Las Carretas, bajaba la calle del Adelantado, cruzaba la calle hoy conocida por Hermanos Marrero y subía por la de Marqués de Celada hasta la ermita. Después de la Guerra Civil se mantuvo así unos años, hasta que en 1946 un conocido vecino, Ángel Álvarez, nos comentó que en La Orotava se hacía la romería con otro estilo, no sólo los barcos y danzas, sino que también tenían un sistema para enramar las carretas. Nos reunimos todos, mi hermano Antonio, mi hermano Esteban, José Cañizares y Manuel “el de los rosquetes” y fuimos con Ángel hasta La Orotava. Nos encantó, porque veíamos la comitiva desde abajo, como si fuera un escenario, debido a las pendientes de la Villa. Ángel dijo que no se atrevía, que le daba miedo por el dinero que se iba a necesitar. Mi hermano Antonio recordó que en la zona de Marqués de Celada, Juan, un vecino de San Benito, tenía un salón muy conocido y que nos lo podía prestar para hacer bailes. De esta forma sacamos dinero para los bueyeros, los cohetes… siempre faltaba algo de dinero, pero ya había un punto de apoyo. Ángel dijo que si faltaba dinero y lo ponía mi padre u otras personas, pues que él se arriesgaba y entraba en la organización de la romería (…) Como era tradicional, a esas primeras romerías acudieron yuntas de todas las cuadras de la zona: de mi tío Ignacio, de don Virgilio, de la cuadra de mi padre, también algunos camellos cargados de cardos que trabajaban en la zona de La Laguna”.
