Especial visita de la Virgen de Candelaria a La Laguna 2018: PORTAR LA IMAGEN DE LA CANDELARIA ENFRENTÓ A VENCEDORES Y VENCIDOS (I)

Presentación de los menceyes a los reyes. Pintura mural Ayuntamiento de La Laguna.

Al tratar sobre las diversas visitas de la Virgen de candelaria a La Laguna, mencionamos como la de 1588 originó un famoso pleito de los naturales descendientes de los guanches con el Cabildo, al sostener éstos que su condición de naturales les otorgaba el derecho exclusivo de cargar la Santa Imagen en todas sus visitas. Es éste el hecho que narramos en estas páginas.

El origen de los hechos se remonta a la fiesta del 2 de febrero de 1587, cuando el Cabildo despojó a los descendientes de los guanches de la exclusividad de cargar la Sta. Imagen que venían ejerciendo. Según Rodríguez Moure, en esta época «en que el pujo nobiliario llegó a invadir el terreno de la exageración y del ridículo, por el Cabildo de la Isla se designó para diputados de fiestas (…) a los regidores Cristóbal Trujillo de la Coba y Gaspar Yanes Delgado, quienes en virtud de su cargo fueron a Candelaria, en la fiesta del 2 de febrero, en representación de aquel alto Cuerpo al cual pertenecían, y por ende, de la Justicia y Regimiento de la Isla».

Durante la procesión, los naturales fueron interrumpidos, maltratándoseles de palabra y obra dentro y fuera del templo. Así, tal y como señalan diversos cronistas, Cristóbal Trujillo «era hombre de carácter violento, bastante pagado de su calidad de castellano, y harto despreciador de la raza guanche».

En este lance, creyendo «que ya era mucho honor para los naturales de origen guanche el tener la exclusividad de cargar la Santa Imagen» trató de arrebatarles esta prerrogativa y, como representante del Cabildo y Gobernador de la Isla, ordenó que él y su compañero sacasen las andas.

Los naturales, desde antes de la procesión, habían rodeado las andas y, llegado el momento, las cargaron sobre los hombros para sacarlas a procesionar. Esta acción provocó la ira de Cristóbal Trujillo quien, acompañado por Gaspar Yanes y otros castellanos, se abalanzó sobre las andas, apartando a empeñones a los naturales y arrebatándoselas mientras profería insultos tales como «pícaros, majaderos, bellacos, y sobre todo, guanches de baja suerte».

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