Tras la huella de la Iª Peregrinación tinerfeña a Roma en 1950 (III)

LA VIDA A BORDO DEL PLUS ULTRA

Nos relata el cronista de la peregrinación, José Trujillo Cabrera, que desde las siete de la mañana (del día 25 de octubre de 1950) empezaron a aparecer sobre la cubierta del Plus Ultra pasajeros deseosos de disfrutar del puro aire matinal y de la tranquilidad y el buen tiempo. Así, a partir de dicha hora, poco a poco fue animándose la toldilla -cubierta parcial que tienen algunas embarcaciones a la altura de la borda en la parte posterior, desde el palo mesana al coronamiento de popa-. Muchos, sin embargo, permanecían en sus camarotes, unos, por causa del mareo y otros, por temor al mismo.

La vida de aquellos señores, señoras y señoritas de la alta sociedad tinerfeña a bordo de «Plus Ultra».

En el barco ocuparon las tres clases, primera, segunda y tercera, pues la diferenciación propia de todas las embarcaciones fue exclusivamente para las literas, suprimiéndose las diferencias en todas las demás manifestaciones de la vida colectiva; ni restricciones, con enojosas demarcaciones o delimitaciones sobre la cubierta, ni diferenciación de comidas. Éstas se distribuyeron, por insuficiencia de capacidad en los comedores para alojarlos a todos de una sola vez, en tres turnos. Desde las ocho a las diez de la mañana se servía el desayuno; el almuerzo empezaba a las doce y se prolongaba hasta las tres de la tarde, y la cena, desde las siete a las diez de la noche.

Publicidad aparecida en El Día el 21 de octubre de 1950.

Añade nuestro cronista: «El vapor hállase acondicionado para esta clase de viajes y cuenta con un buen servicio, reuniendo condiciones de comodidad y bastante limpieza en todos sus departamentos. El personal que lo gobierna, desde nuestra llegada al buque, se mostró con nosotros complaciente y afectuoso, contribuyendo, con la gentileza de su buen trato y con la confianza y amistad que nos brindaran, a hacernos placentero el tiempo de nuestra estancia a bordo».

El Capitán del Plus Ultra para aquella Iª Peregrinación de tinerfeños a Roma fue don Indalecio Llamas Ardaeta, quien siempre alentaba al pasaje con palabras esperanzadoras respecto al tiempo y a la puntualidad en la llegada a Nápoles. El médico del barco fue don Emilio Lozano de Lamo, que recibió muchas felicitaciones por sus excelentes servicios, que sobre todo a causa del mareo, dispensó a gran número de los viajeros.

El Plus Ultra convertido en «basílica» flotante.

En dos altares celebraban los sacerdotes adscritos a la peregrinación la Misa: en el de la capilla del barco y en otro portátil que todos los días se erigía en el salón de música y que luego se desmontaba al terminarse las celebraciones.

Cable enviado desde el Plus Ultra a la redacción del El Día el 26 de octubre de 1950

Las crónicas hablan de los pormenores y circunstancias de unos días con un sol espléndido, de unas noches quietas y serenas y de un mar en calma, excepto la noche correspondiente al día 29 de octubre en que se agitó el mar cuando pasaban el Golfo de León (un amplio entrante del mar Mediterráneo, situado frente al litoral arenoso de las regiones meridionales de Francia de Occitania y Provenza-Alpes-Costa Azul, que comprende un tramo de costa desde la frontera con España, en el oeste, hasta Toulon, en el este), debido a una tormenta con viento y lluvia fuerte, que a algunos peregrinos les pareció de gran importancia, pero que, según los entendidos, en realidad, no la tenía.

Los actos que cada día tenían lugar a bordo eran de un orden auténticamente religioso: por la mañana, la asistencia a las misas, en las que se distribuía la comunión a numerosos peregrinos, y por la tarde, la Exposición del Santísimo Sacramento y el rezo del santo rosario.

Debemos destacar dos actos solemnes. El primero, el día 27 , con el tríduo en honor a Cristo Rey, que culminó el 29, domingo, con la Misa solemne y sermón panegírico sobre su festividad. El otro acto lo constituyó la procesión que el día 28, sábado, al caer la tarde, se celebró alrededor de la cubierta del barco con una pequeña imagen de la Virgen de Candelaria, Patrona General de las islas.

Las crónicas resaltan tres conferencias pronunciadas por el Muy Iltre. Sr. Canónigo de la Catedral de La Laguna, don José García Ortega, profesor de religión de la Universidad de San Fernando (La Laguna).

Las noches fueron, sobre todo, de una variada amenidad. Congregados en el salón de música, ya con acompañamiento de piano, ya con música de acordeón, a cargo del conocido maestro de este instrumento, señor Flores, no faltaban las coplas populares canarias, envueltas en aires de folías, isas y malagueñas; brotaban también canciones populares, coreadas por la mayor parte de los peregrinos, «sobresaliendo, como es natural, las bien timbradas voces de los jóvenes del Frente de Juventudes».

El cronista también destaca «los solos de música selecta, interpretados con la exquisitez con que ellos saben hacerlo, por don José Falcón, sorchante de La Catedral de La Laguna, y su esposa, doña Libertad Álvarez, con música de piano ejecutada por el maestro don Manuel Borguñó».

Todas estas actuaciones musicales, así como las conferencias y demás actos públicos de la peregrinación tenidos en la capilla y en el salón de música, «eran oídos por todos los peregrinos, incluso por los que en las literas de sus camarotes pasaban el tiempo, merced a la instalación de altavoces que Radio Tosté montó en todo el buque y que en realidad dio un resultado bastante efectivo».

El día 27, a las 11 de la mañana, los viajeros divisaron en la lejanía la silueta de la costa de África. A partir de este instante fue creciendo por momentos la expectación. Así,»desde las dos de la tarde, los peregrinos se van situando unos a babor y otros a estribor del buque, oteando el horizonte. La tierra parece acercarse al buque por cuanto éste, a pesar de las doce millas que va desarrollando, da la sensación de que no se mueve; tal es la bonanza del mar. A las cuatro, ya estamos colocados frente a Cabo Espartel a estribor y a Trafalgar a babor. Pasamos más cerca de la costa africana que de la peninsular. Tánger, con sus montañas verdes, a la derecha, y a la izquierda va apareciendo Barbate, Tarifa y La Línea. ¡Gibraltar y Ceuta!».

El día 30, desde las nueve de la mañana, navegaron a lo largo de la costa Sur de la Isla de Cerdeña y el capitán del buque anunció que a las 9 de la mañana del siguiente día, 31 de octubre, arribarían a Nápoles.

El viaje duró de Tenerife a Nápoles siete días, una cifra que hoy daría para dar la vuelta al mundo.

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