La Laguna continúa en calma en el vigésimo séptimo día de confinamiento: Hoy visitamos San Roque

Hoy hemos visitado el barrio de San Roque en La Laguna, un mirador impresionante… Todo es visible desde aquí, aunque quizá merezca la pena acercarse, siempre que las circunstancias lo permitan, no sólo por la vista, sino también porque es la mejor manera de ver la posición de La Laguna en todo el entorno.

El camino se empina para abandonar el valle de Aguere. Continuamos la marcha siempre hacia la cima. Muy pronto nos cruzamos con gallos y gallinas de raza en el medio del camino, así como varios conejos salvajes. En esta zona algunos cronistas localizan la batalla entre las tropas del Adelantado Alonso Fernández de Lugo y las del guanche Tinguaro.

Continuamos la marcha siempre hacia arriba y muy pronto encontramos el pintoresco barrio y su antigua ermita. Vimos tranquila a las gentes que viven en este otero; solo salen para tirar la basura. Fue una subida extraña, no solo por los animales en el camino, también porque no nos cruzamos con un solo coche, algo extrañísimo por esta zona de La Laguna.

La ermita de San Roque Compatrón Menor de La Laguna. Por Julio Torres Santos

La Ermita de San Roque en La Laguna, fue erigida en la primera mitad del siglo XVI, son escasos los datos que se conocen sobre la ermita de San Roque, uno de los compatronos menores de La Laguna. Ya en 1548 y 1549 constan en los acuerdos del antiguo Concejo descargos por la procesión del Santo y arreglos del templo, lo que suponemos debe corresponder con el primer edificio. Debido a su intercesión contra las enfermedades la imagen gozaba de gran devoción en La Ciudad, como así atestigua el que en 1603 nuevamente los capitulares acordasen organizar su procesión y rogativa con motivo de la epidemia de peste que por aquellos años asolaba la Isla. A raíz de su emplazamiento, en uno de los puntos más altos que circundan la ciudad -zona ventosa y húmeda- el templo requirió de constantes intervenciones, lo que no evitó que en 1776 y 1828 se derrumbara parcialmente. Pese a roda, la imagen terminó recalando en la cercana parroquia de Santo Domingo, donde se la cita en diversos inventarios que la sitúan a finales del siglo XIX en uno de sus retablos laterales. Con motivo de la restauración integral de la ermita a principios de la década de los noventa del siglo pasado, la efigie volvió definitivamente, lo que con anterioridad sólo ocurría en su fiesta.

Respecto a la escultura, hubo de sustituir a la primitiva imagen ya que su estudio formal remire a la imaginería de tránsito entre los siglos XVI y XVII, deudores de modelos manieristas. Destaca la elegante postura con plegados suaves en su vestimenta y correcta anatomía. La calidad de la obra queda subrayada en la talla de la cabeza y rostro donde se aprecian cierras aspectos que la ponen en relación con obradores andaluces. Esto no es de extrañar si tenemos en cuenta que estos talleres fueron los más recurridos por comitentes insulares del momento, y en especial los de La Laguna como así atestiguan otras piezas conservadas, como la Virgen de Luz de la Catedral y el San Juan Bautista de su ermita.

Pese a las diferentes intervenciones constatadas sobre la obra que enmascaran parte de sus policromías originales, observamos cierras elementos que ahondan en la calidad de su trabajo. Así vemos como, por ejemplo, la decoración del manto, con grandes motivos vegetales simétricos y regulares -en oro cincelado obre fondo cuya estofa se resuelve a base del característico ojeteado-nos remite nuevamente a modelos ornamentales del momento y procedencia al que adscribimos la obra. Completan el conjunto el ángel, que pese a estar muy intervenido puede corresponder con el original, y el perro, de reciente factura. Para su procesión se conservan las andas de baldaquino en madera con aplicación de plata que en 1749 le donó el clérigo Juan Bautista de Abre como consta en una canela posterior. Además las andas debían compartirse con el San Francisco de Paula del Valle de Tabares.

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