La cara y la cruz del patrimonio lagunero

Cara y cruz del cuidado del patrimonio: a la izquierda, la pequeña placa de piedra, a la que se le han retirado las marcas del tiempo; a la derecha, una de las tumbas del cementerio de San Juan, resquebrajada y deteriorada
Por un lado, se restaura una placa de piedra; por otro, se deja en el abandono un cementerio declarado Bien de Interés Cultural. El Ayuntamiento de La Laguna parece gestionar las prioridades patrimoniales como un pollo sin cabeza: sin rumbo claro ni un criterio coherente de conservación.

La Concejalía de Patrimonio Cultural ha concluido la restauración de la placa conmemorativa del antiguo puente del Camino Largo, una infraestructura esencial durante siglos para la movilidad y el desarrollo de la ciudad. La intervención, ejecutada por una restauradora especializada, ha consistido en limpiar y consolidar la piedra, eliminando la suciedad, los residuos y la vegetación adherida.
La actuación es necesaria y merece ser valorada. Pero resulta inevitable preguntarse por qué ese mismo compromiso con la conservación no se extiende al cementerio. Hay tumbas cuyas grietas dejan al descubierto su interior y patios interiores que presentan una imagen deplorable. Un estado de deterioro que exige atención por su valor patrimonial y por el respeto que merecen quienes allí descansan y sus familias.
La declaración como Bien de Interés Cultural debe traducirse en medidas concretas de protección, mantenimiento y restauración. No basta con reconocer el valor de un lugar si después se permite su deterioro.
El patrimonio lagunero necesita una política de conservación coherente, con planificación y prioridades claras. Restaurar una placa es positivo; permitir que un cementerio protegido continúe degradándose evidencia la otra cara de la gestión municipal.
