Halloween y el Día de Muertos: ¿estamos perdiendo nuestras tradiciones canarias? Por José Luis Yanes Pérez

La promoción institucional de celebraciones importadas abre un debate sobre la defensa de nuestra identidad, nuestras costumbres y el patrimonio cultural de Canarias

Cada año, cuando se acerca el final de octubre, asistimos en Canarias a una creciente presencia de Halloween, una celebración popularizada por la cultura estadounidense, y de las festividades mexicanas del Día de Muertos. Ayuntamientos, centros educativos y otras instituciones organizan actividades, decoraciones y espectáculos relacionados con estas fiestas, mientras nuestras propias tradiciones parecen quedar relegadas a un segundo plano.

No se trata de despreciar las costumbres de otros pueblos. Todas las culturas merecen respeto. Se trata de preguntarnos por qué nuestras instituciones dedican atención y recursos a promocionar celebraciones extranjeras mientras buena parte de nuestro patrimonio cultural permanece desconocido para las nuevas generaciones.

Canarias tiene sus propias tradiciones

Nuestro archipiélago posee una historia, una identidad y unas costumbres que merecen ser conocidas, protegidas y transmitidas.

En estas fechas, Canarias cuenta con manifestaciones tradicionales como los Finaos, especialmente arraigados en Gran Canaria, donde las familias se reunían para recordar a sus difuntos, compartir frutos de temporada, contar historias y mantener viva la memoria de sus antepasados.

También existen otras expresiones populares vinculadas a Todos los Santos y al recuerdo de quienes ya no están, con particularidades propias de cada isla y localidad.

Son costumbres que forman parte de nuestra memoria colectiva y que corren el riesgo de perder protagonismo si no reciben el reconocimiento y la difusión que merecen.

¿Qué papel desempeñan nuestras autoridades?

Resulta legítimo preguntarse qué prioridades culturales están estableciendo las administraciones públicas cuando organizan fiestas de Halloween o actividades inspiradas en el Día de Muertos mexicano.

Las instituciones tienen la responsabilidad de proteger y difundir el patrimonio cultural canario. Por eso, cualquier programación de celebraciones importadas debería acompañarse de un compromiso real con nuestras tradiciones.

No basta con hablar de identidad canaria en los discursos oficiales si después nuestras costumbres no ocupan un lugar destacado en las actividades culturales, educativas y festivas.

La cuestión no es prohibir Halloween ni impedir que la comunidad mexicana celebre sus tradiciones. La cuestión es evitar que la promoción de fiestas ajenas termine desplazando las nuestras.

Una identidad que no debemos olvidar

Canarias ha sido históricamente una tierra de encuentros culturales. Esa apertura al mundo no tiene por qué estar reñida con la conservación de nuestras raíces.

Sin embargo, cuando una sociedad conoce mejor las calabazas de Halloween o los altares mexicanos que sus propias tradiciones de recuerdo a los difuntos, existe un motivo para reflexionar sobre la transmisión de nuestro patrimonio.

Nuestros niños y jóvenes deberían conocer qué eran los Finaos, cómo vivían estas fechas nuestros abuelos y qué significado tenían aquellas reuniones familiares.

Las administraciones pueden desempeñar un papel fundamental mediante talleres, encuentros vecinales, actividades escolares y celebraciones populares que recuperen estas costumbres.

Defender lo nuestro no significa rechazar lo ajeno

Respetar las tradiciones estadounidenses o mexicanas no obliga a convertirlas en protagonistas de nuestro calendario cultural.

Canarias tiene personalidad, historia y patrimonio suficientes para celebrar sus propias costumbres sin necesidad de imitar constantemente modelos culturales llegados de fuera.

La pregunta que debemos plantear a nuestras autoridades es sencilla: ¿por qué no se concede a las tradiciones canarias la misma visibilidad, promoción y respaldo institucional que reciben algunas celebraciones importadas?

No podemos exigir a las generaciones futuras que defiendan unas costumbres que nosotros mismos hemos dejado de enseñarles.

Porque un pueblo que deja de transmitir sus tradiciones corre el riesgo de perder una parte esencial de su identidad. Y Canarias no debe permitir que su memoria cultural caiga en el olvido.

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