La Laguna Ahora con las fiestas de otoño: San Miguel Arcángel, copatrón de La Laguna (I)

Alonso Fernández de Lugo, fundador de San Cristobal de La Laguna.

La antigua devoción a San Miguel de las Victorias hunde sus raíces en los primeros años de la conquista de Tenerife y forma parte inseparable de la historia de San Cristóbal de La Laguna. Cada 29 de septiembre, la ciudad recuerda a quien durante siglos ocupó un lugar destacado en su calendario religioso y festivo.

La devoción de La Laguna a San Miguel Arcángel, copatrón de la ciudad, se remonta a los primeros años posteriores a la conquista de Tenerife. La tradición histórica vincula estrechamente al arcángel con Alonso Fernández de Lugo, quien habría invocado su protección durante la campaña para incorporar la isla a la Corona de Castilla. Una vez culminada la conquista, el Adelantado dispuso que se levantara una ermita bajo la advocación del príncipe de los Arcángeles.

Así comenzó una relación entre San Miguel y La Laguna que atravesaría los siglos y que dejaría su huella no solamente en la religiosidad popular, sino también en la vida institucional, social y festiva de la antigua capital de Tenerife.

Una de las grandes fiestas del antiguo calendario lagunero

Muy célebre fue en otros tiempos la festividad de San Miguel, especialmente por sus tradicionales «paseos de las tres», una de aquellas costumbres sociales que marcaban el calendario de la ciudad. Era una ocasión en la que las laguneras lucían sus mejores galas y las calles se convertían en lugar de encuentro y celebración.

La importancia de la jornada venía de mucho más atrás. Sus raíces alcanzaban los tiempos de los caballeros conquistadores, que dejaron establecida la celebración en las antiguas ordenanzas:

«Yten se haga otra procesión a los veintinueve de septiembre, día del Señor San Miguel, que vaya a la iglesia del Señor San Francisco, que también se nombra San Miguel de las Victorias, por cuanto es antigua la devoción de esta Isla, y el capitán general, y conquistadores, que la ganaron, lo tenían, y nombraban por patrón, y después acá siempre ha quedado esta costumbre».

El texto constituye un significativo testimonio de la antigüedad que alcanzó el culto al arcángel y de la dimensión institucional que tuvo su fiesta. San Miguel no era únicamente objeto de devoción religiosa: su nombre estaba ligado al recuerdo de la conquista y a la propia construcción de la sociedad insular surgida a comienzos del siglo XVI.

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