Pregón de las Fiestas de San Benito Abad 2026 (y II). Chago Melián

ROMERÍA EN LA LAGUNA HAY BARCOS ENTRE SUS CALLES Y YO TODO ASOMBRADO SE LO DECÍA A MI MADRE FOLIAS A SAN BENITO Y EN EL RECUERDO MI MADRE
Hoy, tantos años después, aquel recuerdo sigue vivo en mi memoria con la misma intensidad y la misma ternura. Son imágenes que permanecen para siempre. Son recuerdos que nos ayudan a comprender la grandeza de nuestras tradiciones y la importancia de conservarlas.
Y si la Romería de San Benito ocupó un lugar privilegiado en mis recuerdos de infancia, no menos importante fue otra de las grandes celebraciones que vivía esta ciudad y que yo esperaba con enorme ilusión: el Corpus Christi.
Viví La Laguna como algo inmenso cuando era niño. Todo aquí parecía más grande, más solemne y más hermoso. Recuerdo aquellos días del Corpus, cuando las calles se transformaban en auténticas obras de arte gracias a las maravillosas alfombras confeccionadas por manos pacientes y generosas. El aroma de las flores, los colores, el trabajo silencioso de tantas personas y el respeto con que se vivía aquella jornada siguen presentes en mi memoria.
Por aquel entonces yo era monaguillo en la parroquia de mi pueblo, y cuando llegaba el día del Corpus mi felicidad se multiplicaba. Sabía que tocaría venir a La Laguna junto a nuestra hermandad para participar en aquella gran celebración que reunía a parroquias de toda la comarca. Para un niño aquello era algo extraordinario.
Nuestra representación la abríamos dos monaguillos y un sacristán. Formábamos un pequeño trío encabezado por dos ciriales y la cruz central. Detrás caminaban los mayores portando sus estandartes y faroles de mano.
Yo me sentía importante. Me sentía parte de algo grande. Y tenía el gran privilegio de caminar sobre aquellos impresionantes tapices florales que convertían las calles de La Laguna en un auténtico templo al aire libre.
Recuerdo también que, en aquellos años, las alfombras estaban custodiadas por militares situados en sus bordes, con sus mosquetones y bayonetas. Aquella imagen imponía respeto a nuestros ojos infantiles y contribuía aún más a engrandecer la solemnidad al paso de la sagrada forma.
Al finalizar la Procesión Magna, todas las hermandades nos reuníamos en la Catedral. Allí concluía aquella jornada tan especial antes de dirigirnos a los camiones que se habilitaban para llevarnos nuevamente a nuestros pueblos.
Pero aún quedaba para mí, un momento muy esperado en el día. Mi querida madre me daba unas pocas pesetas para ir a los carritos que estaban en los aledaños de la Catedral. Y allí iba yo, feliz, a comprar aquellos rosquetes de batata y canela que para un niño de aquella época eran un auténtico manjar.
Todavía hoy puedo recordar su sabor. Son esos pequeños detalles los que permanecen para siempre en la memoria de una persona.
Los años fueron pasando y la vida siguió escribiendo nuevas páginas. Y quiso el destino que tiempo después realizara la segunda parte de mi servicio militar en el Campamento de Artillería del Cristo de La Laguna.
Allí participé junto a otros compañeros en la confección de la alfombra que realizaba el destacamento artillero para la celebración del Corpus. Quién me iba a decir entonces que aquel niño que caminaba maravillado sobre las alfombras acabaría colaborando años más tarde en la elaboración de una de ellas. La vida tiene esas hermosas casualidades que terminan cerrando círculos de una manera inesperada.
Como lagunero puntero que soy, permítanme esta semblanza de mi niñez por esta ciudad a la que tanto quiero y que fue testigo de una parte fundamental de mi vida. Porque La Laguna no solamente alimentó mis recuerdos; también ayudó a forjar la persona que soy hoy.
Aquí crecieron muchas de mis inquietudes musicales. Aquí comenzó a construirse una parte importante del camino que aún sigo recorriendo.
Mi tío Pepe Herrera fue quien me enseñó los primeros acordes de guitarra. Aunque, dicho sea de paso, en aquellos tiempos, en nuestros pueblos, los acordes no se llamaban do, re o mi. Aquello era mucho más nuestro. Hablábamos del uno, del cinco, del nueve, del tendido y de tantos otros nombres populares que formaban parte de la enseñanza transmitida de generación en generación.
La música popular canaria siempre tuvo mucho de escuela oral. Se aprendía escuchando, observando y compartiendo. Y fue precisamente en La Laguna donde di algunos de mis primeros pasos musicales.
Junto al lagunero Antonio Torres, a mi hermano Mane y a Luis Pérez, ambos punteros, formé mi primer grupo musical. Lo llamamos Los Fantasmas. Eran tiempos en los que los nombres sonaban modernos, atrevidos y hasta un poco psicodélicos. Más tarde pasamos a llamarnos Aguacada, tomando el nombre de una de las montañas emblemáticas de nuestro pueblo.
También acudía a clases de guitarra en la antigua Casa Sindical, situada en la calle La Carrera, por encima del colegio La Salle. Allí tuve la fortuna de formar parte de la rondalla dirigida por don Antonio Fotrós, experiencia que enriqueció aún más mi formación musical.
Por todo ello puedo decir que La Laguna ha sido mucho más que un escenario en mi vida. Ha sido maestra, inspiración y compañera de camino.
Y si hoy estoy aquí pregonando las fiestas de San Benito Abad, también es gracias a todas esas personas que mantuvieron viva la llama de nuestra música popular, de nuestras rondallas, de nuestras parrandas y de nuestro folclore.
Porque las fiestas de San Benito no se entienden sin la música. No se entienden sin el sonido de las cuerdas, sin las voces de las parrandas, sin el timple, sin las chácaras, sin los bailadores y sin tantos hombres y mujeres que durante generaciones han mantenido vivo el legado cultural de nuestro pueblo.
A ellos, a los que estuvieron antes que nosotros y a los que continúan hoy transmitiendo nuestras tradiciones, les debemos gratitud y reconocimiento.
Gracias a su esfuerzo, San Benito sigue siendo mucho más que una fiesta. Sigue siendo la expresión viva de la identidad de un pueblo que canta, que baila, que recuerda y que celebra sus raíces con orgullo.
Y mientras exista una isa que tocar, una folía que cantar o una romería que recorrer, seguirá latiendo el corazón de nuestra tierra.
SOY CANARIO TINERFEÑO
SOY LAGUNERO PUNTERO
Y LE CANTO A SAN BENITO
SIENDO HOY SU PREGONERO
¡Viva San Benito!
¡Viva La Laguna!
