Ya caminanos hacia la romería de San Benito Abad 2026: Vestir de mago o de maga, no es disfrazarse (y II)

Hombre de Las Palmas y marino de Tenerife, Pereira Pacheco.
(…) Las mozas de Tacoronte, o sea las muchachas casamenteras, pertenecientes a familias de labradores o hacendados acomodados, según Pereyra de Pacheco, portaban una basquiña o enaguas de tafetán amarillo, jubón de tisú verde con dlibujos encarnados y manga corta hasta el codo, collares de perlas a la garganta, pulseras de oro y otras joyas, zapato bajo con hebilla y el pelo recogido en moño con lazos de terciopelo.
Las de Tegueste lucían también jubón, pero de mangas largas y faldellines, enaguas, todo de seda, y adornadas con muchas joyas, pelo recogido con moño alto y grandes hebillas de plata en los zapatos.
Las campesinas de Geneto, que venían a hacer sus ventas en esta Ciudad, no usaban los lujosos trajes festivos, desde luego, de las anteriores. Se distinguían por su basquiña de lana a listas verticales, azul, verde y encarnado, mantilla de bayeta encarnada, corpiño de mangas recogidas hasta los codos, cesta a la cabeza y burdos zapatos. La tela de sus enaguas era tejida por ellas mismas en sus telares caseros.
Las revendedoras del puerto de Santa Cruz llevaban traje de mangas cortas, sombrero redondo de esterilla de palma, zapatos pequeños y más a menudo pantuflas, piernas desnudas, aire descarado, miradas lascivas y donaire franco, según Mrs. Barker-Wabb y Berthelot.
En cuanto a los hombres, distinguíase el campesino de Tegueste por su ropa de color azul, consistente en una chaqueta con vivos encarnados, que llevaba comunmente colgada al hombro izquierdo, chaleco a listas encarnadas y amarillas con vivos iguales a los de la chaqueta, calzona corta abierta lateralmente para dejar ver el blanco calzoncillo, polaina de cuero o de lana, atada con cinta encarnada por debajo de la rodilla, zapato de cordobán con hebilla de metal, pelo corto y sombrero redondo de fieltro. La camisa la llevaba remangada hasta los codos y un palo en la mano. Este indumento s e puede decir que era general en todas las islas.

Hombre y mujer de Tacoronte-Tenerife (Diston “Costumes of the Canary Islands”).
Entre otra gente común, era de notar el peón de esta Ciudad y sus contornos, que no disponía de otro vestido, sino de una camisa y calzón de lienzo blanco sin zapatos; el gañán o pastor de ganado vacuno de la vega lagunera, entonces propiedad del Municipio que la arrendaba a los vecinos, iba generalmente jinete a caballo, sin más arreo que una soga echada al cuello del bruto, llevando camisa, calzón, polainas de lana, una manta plegada, como ahora, atada al cuello, su indispensable palo bajo el brazo, no usando calzado alguno.
Los hombres en general, aldeanos o campesinos, dicen los citados autores franceses, van cubiertos de la manta, especie de cobertura de lana que les cubre todo el cuerpo; portando un sombrero de paja o de fieltro, un chaleco guarnecido de cintas, calzones cortos abiertos desde la corva hasta medio muslo, con un calzoncillo de lienzo que dejan al descubierto; medias de lana o polainas de cuero, sandalias o zapatos de grandes hebillas, hoy de plata, pero antiguamente de oro de Méjico y de peso de 7 a 8 onzas. En el camino, se desembarazan a veces de su chaqueta y de sus calzones y recogen su ancho calzoncillo hasta lo alto de los muslos para caminar con más comodidad.
El marino de la matrícula de1 vecino puerto de Santa Cruz, se particularizaba por su pantalón azul con faja encarnada, camisa blanca con rayas amarillas, pañuelo atado al cuello, gorra frigia encarnada y chinelas negras.
El trompetero del Cabildo secular de Tenerife, llevaba larga levita galoneada, de botones dorados, con sendas faldriqueras y cartera de galones a los lados, chupa encarnada también exornada de lo mismo, calzón corto, media blanca, zapatos con hebilla de plata, sombrero de ¬tres picos galoneado bajo el brazo y su trompeta con un paño o bandera. Se colocaba entre los maceros del Ayuntamiento, cuando éste salía en forma de ciudad.

Mujer del Miradero y Vendedora ambulante (Diston “Costumes of the Canary Islands”).
Veamos como los autores de la Histoire Naturelle describen el vestido de un pastor tinerfeño de las Bandas del Sur: «El traje de estos montañeses era conforme a su género de vida; llevaban las piernas desnudas y calzaban una especie de sandalias; sus camisas de anchas mangas, se abotonaban por la muñeca; dejando el pecho al descubierto; un amplio calzoncillo de lienzo rodado por encima de la rodilla, estaba sujeto a la cintura por una faja de lana. Un pequeño sombrero cubría su cabeza, llevando detrás de las espaldas un saquito que guardaba el «gofio» y caminaban provistos de una larga lanza o palo sobre el cual se apoyaban para franquear las vertientes de la sierra.
La indumentaria en las demás Islas. La isla de la Gomera parece que, dada la pobreza que entonces imperaba en su clase rural, no pudo ésta disponer de traje especial o típico. Veamos lo poco que, acerca de ello, nos dice el doctor Escolar y Serrano, que es sabido hizo estudios estadísticos en Canarias: «La enfermedad, sin embargo, que más aflige a la isla, es la miseria extre¬mada que sufren sus naturales: Muchos se ven reducidos a comer pan de helecho alguna parte del año: los más cubiertos de andrajos, desafían a los tiempos; y todos están metidos en chozas desabrigadas y sin co¬modidad alguna.» Asombra que, tratándose de una de las islas más ricas relativamente considerada a su corta extensión, haya ocurrido lo ante¬rior; pero no tiene nada de extraño tanto porque allí nunca estuvo muy dividida la propiedad, como en el Hierro, y por otras razones que omitimos en obsequio a la brevedad.
En cuanto a la indumentaria herreña, hemos de manifestar que sus trajes populares poco se diferenciaron de los tinerfeños, con la ventaja de que la generalidad andaba mejor ataviada que en las demás islas aunque ello parezca exagerado. «En ninguna de las islas, dice un manuscrito del señor Urtusaústegui, anda más aseado el común del vecindario”. En el mismo manuscrito manifiesta que todos los hombres y muchachos, vestían del cordoncillo fabricado en la tierra, que era de clase superior el destinado a las capas de abrigo, y que las mujeres usaban para sus enaguas, según sus posibles, de géneros de lana, que consistían en lo que llamaban arrayuelo o listadillo de azul, blanco y otros colores, anascotillo o de unas telas, mezcla de lana y seda, «muy decente y hacen un viso tornasolado», todas ellas tejidas en la isla. Asimismo nos dice el repetido autor del manuscrito, que aunque las mujeres del común iban de ordinario descalzas, tenían gran cuidado de cubrirse los brazos y muchas veces hasta las manos, con manguitos que hacían de cordoncillo y con guantes de piel de cordero.
Los hombres usaban como calzado una especie de abarcas de suela de vaca, atadas con correas de lo mismo, que llamaban maxos o majos.
Si algún día, nuestras habituales ocupaciones nos lo consintieran, procuraremos completar este trabajo, con la descripción de la indumentaria típica que se usó en otras islas, aquí no mencionadas; pero por ahora damos cima a esta pequeña monografía, celebrando, empero que otros pudieran perfeccionarla, que ello siempre, constituirá una verdadera riqueza para el arte y la estética de Canarias.
