El Día de la Cruz en las capillas laguneras: tradición, fe y coplas populares

Así lucia la capilla de la Cruz de Moure hasta el robo sufrido la noche del 22 de marzo de 2015, a pocas horas de que el obispado realizará el inventario para inscribirla a su nombre. Entre las obras desaparecidas se encuentran 10 cuadros pintados al óleo de los siglos XVII Y XVIII, una imagen de Santa Rita y otra de San Antonio, dos angelitos que custodiaban la base de la cruz y la imagen antiquísima de La Divina Pastora que fue llevada a la capilla en el año 1925, habiendo estado localizada desde 1750 en un altar dedicado a San Nicolás de Tolentino en el antiguo convento de San Agustín. También destaca entre lo robado un cuadro de gran formato de la Adoración de los Pastores, procedente de la casa familiar de los Rodríguez Moure. Cada año preguntamos y rogamos que se fijen bien en la foto por si alguien conoce su paradero.

Cada 3 de mayo, la ciudad de San Cristóbal de La Laguna revive una de sus celebraciones más entrañables: el Día de la Cruz. Lejos de ser solo un acto religioso, esta festividad se convierte en una manifestación viva del patrimonio cultural, donde las capillas, patios y calles se transforman en espacios de encuentro vecinal, memoria colectiva y creatividad popular.

Las capillas: corazón de la celebración

En los distintos barrios laguneros, pequeñas capillas y oratorios adquieren un protagonismo especial. Las cruces se engalanan con esmero: flores naturales, colchas bordadas, cerámicas antiguas, utensilios tradicionales y hasta elementos simbólicos del entorno. Cada detalle cuenta una historia, muchas veces ligada a generaciones de vecinos que han mantenido viva la tradición.

El montaje de la cruz no es una tarea individual, sino comunitaria. Familias enteras participan en la decoración, compartiendo saberes y reforzando la identidad del barrio. Así, la cruz deja de ser un simple objeto para convertirse en un símbolo de unión.

Las coplas: voz del pueblo

Uno de los elementos más característicos del Día de la Cruz en La Laguna son las coplas, pequeñas composiciones poéticas de carácter popular que se cantan durante la visita a las capillas. Estas coplas pueden ser tradicionales o improvisadas, y suelen transmitir devoción, alegría o incluso un toque de humor.

Su estructura sencilla facilita la participación colectiva. A menudo, una persona inicia el canto y el resto responde, creando un diálogo musical que llena las calles de vida. Algunas coplas evocan la religiosidad de la cruz, mientras que otras hacen referencia al barrio, a sus gentes o a la propia celebración.

Un recorrido entre tradición y convivencia

Durante la jornada, vecinos y visitantes recorren diferentes puntos de la ciudad para contemplar las cruces y compartir el ambiente festivo. Este itinerario espontáneo convierte a La Laguna en un museo al aire libre, donde cada capilla ofrece una interpretación única de la tradición.

Además, no falta la presencia de parrandas, dulces caseros y encuentros improvisados que refuerzan el carácter cercano y acogedor de la fiesta. La celebración trasciende lo religioso para convertirse en una experiencia social profundamente arraigada.

Patrimonio vivo

El Día de la Cruz en las capillas laguneras es, en esencia, un ejemplo de patrimonio inmaterial que se mantiene gracias a la implicación de la comunidad. Las coplas, los adornos y las reuniones vecinales forman parte de un legado que se transmite de generación en generación.

En un mundo cada vez más acelerado, esta tradición ofrece un espacio para la pausa, la convivencia y la conexión con las raíces. La Laguna, con sus capillas abiertas y sus cruces floridas, recuerda cada año que la cultura popular sigue latiendo con fuerza en lo cotidiano.

 

También te podría gustar...