La exaltación de la Cruz en La Laguna de antaño (y II). Por Julio Torres Santos

Cruz de domicilio o de salón (colección particular), una tradición de siglos que perdura en La Laguna del s. XXI. En este caso se trata de una Cruz de Jerusalén hecha en madera de Tierra Santa. Colección: Torres-Jiménez (La Laguna 2022).

(…) En la ciudad de La Laguna, las casas de vecinos del casco histórico y de los distintos pueblos y pagos, así como los barrios obreros-populares tradicionales, constituyen el lugar espacial y social idóneo para la construcción de cruces y la plasmación de la identidad vecinal. Fue tradicional, por ejemplo, en el barrio Volador (Cruz de Candelaria), la rivalidad entre las cruces de Los Molinos y la Cruz de Candelaria; la gran quema de cohetes conocida en la Ciudad por “foguete” o “volador” terminó por dar al barrio el sobre nombre del “Barrio Volador”.

De otro lado, la ornamentación de la Cruz tradicional exigía la colaboración de todos los vecinos, quienes exponían objetos de adorno de sus casas o personales. Era y es, pues se está recuperando, una ocasión anual de exteriorizar lo más preciado «de adorno» en una fiesta grupal y comunal. Los laguneros comenzaban a hacer las cruces varios días antes del tres, las mujeres llevaban y traían cosas. Los acompañamientos de los vecinos en las horas de estar abierta, las decoraciones de las habitaciones y capillas solían/suelen tomar como referentes el tipismo o estilo lagunero, sobrio y “resultón”, altar en escalones, damascos, jarrones y candelabros de plata, bandejas antiguas de loza…, así como muchísimas flores sobre pedestales.

No a todas las cruces se les trataba igual a la hora de las visitas, sin embargo, fueron levantadas por los vecinos; las más distinguidas para el lagunero fueron aquellas que tienen capilla, entre las que destacanban la Cruz de Amaral, la Cruz Verde, Los Álamos, Los Plateros y la Cruz de Moure.

Como cualquier otra fiesta de importancia, la Cruz posee sus alimentos tradicionales; por descontado el rey es el vino de la tierra, al que siguen las tartas caseras que servían «para merendar con chocolate y limonada para señoras y niños»; finalmente, el bacalao encebollado, los tollos y todo aquello que sirviera de buen “armadero” para el buen tinto.

En barrios tales como San Juan o San Benito la Cruz de Mayo antiguamente se limitaba a abrir alguna ventana y se mostraba a la calle una pequeña Cruz con dosel. Todo el conjunto representaba una Cruz en el centro, por lo general de madera, rara vez forrada de plata o algo similar, con unos cuantos adornos y un plato o bandeja petitoria. Cuando la visita se retiraba, “se hacía caja” y se volvía a dejar el plato o la bandeja vacía o con poco dinero; desde luego si caía un billete de 20 duros, desaparecía al momento, porque así daba más lástima al siguiente que tendría que “justificarse”.

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