Así fue «La Madrugada» y la mañana del Viernes Santo de La Laguna en 2026

La ciudad volvió a vivir una de sus estampas más emblemáticas durante la madrugada del Viernes Santo, con la salida procesional del Cristo de La Laguna, eje central de una tradición profundamente arraigada en la Semana Santa lagunera.

La conocida como Procesión de Madrugada congregó a numerosos fieles y visitantes que acompañaron el recorrido en un ambiente de respeto y silencio, solo roto por el sonido acompasado de los pasos y la emoción contenida de la noche.

Un itinerario marcado por las visitas

Uno de los rasgos más singulares de esta procesión es el itinerario que sigue la imagen, con paradas en distintos templos, conventos y parroquias del casco histórico de San Cristóbal de La Laguna. Estas visitas no son meramente simbólicas, sino que forman parte esencial del sentido de la madrugada: encuentros entre comunidades religiosas que mantienen viva una tradición centenaria.

En cada parada, el tiempo parece detenerse. Las puertas se abren, la luz interior se derrama sobre la calle y el Cristo recibe la veneración en un clima de profunda solemnidad.

Las malagueñas: canto y emoción en la noche

Si hay un elemento que distingue esta madrugada es el canto de las malagueñas. Interpretadas en distintos puntos del recorrido, estas piezas del folclore canario aportan una dimensión única a la procesión.

Las voces, cargadas de sentimiento, se elevan en la noche lagunera con letras que mezclan devoción, tradición y cultura popular. Lejos de romper el recogimiento, las malagueñas lo intensifican, convirtiéndose en uno de los momentos más esperados por quienes siguen la procesión año tras año.

Mañana de Viernes Santo en La Laguna: Lignum Crucis, Unción y Mortaja

La mañana del Viernes Santo amaneció luminosa en San Cristóbal de La Laguna y estuvo marcada por dos destacadas procesiones en el casco histórico de La Laguna.

En primer lugar, la del Lignum Crucis, que recorrió las calles en un ambiente de solemnidad y recogimiento, con la reliquia como eje central. Más tarde, la procesión de la Unción y Mortaja representó los momentos posteriores a la muerte de Cristo, manteniendo el tono sobrio propio de la jornada.

Ambos actos congregaron a numerosos fieles y reforzaron el carácter tradicional y devocional del Viernes Santo lagunero.

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