Curiosidades e historia de la cuaresma y la Semana Santa lagunera: ¿Quiénes eran los “beos” que tocaban la matraca?

En muchos pueblos, el encargado de hacer sonar la matraca durante la Semana Santa era conocido como “beo”. Este nombre se utilizaba popularmente para referirse a una persona vinculada a la iglesia que realizaba tareas auxiliares, similares a las del sacristán o ayudante del templo
Funciones del beo
El beo se ocupaba de diferentes trabajos relacionados con la vida parroquial. Entre sus tareas podían estar:
Abrir y cerrar la iglesia.
Preparar el templo para las celebraciones religiosas.
Ayudar al sacerdote durante los oficios.
Tocar las campanas a determinadas horas.
Y, durante la Semana Santa, accionar la matraca cuando las campanas quedaban en silencio.
En algunos lugares también se encargaba de avisar a los vecinos de determinados actos religiosos o acontecimientos importantes.
El encargado de la matraca
Cuando llegaba el Jueves Santo, el beo subía al campanario para poner en funcionamiento la matraca. Desde lo alto de la torre accionaba el mecanismo que hacía girar aquel gran aparato de madera, cuyo ruido se escuchaba en todo el pueblo.
Este trabajo requería cierta habilidad y esfuerzo, especialmente cuando la matraca era grande y pesada. Por eso, la persona encargada solía ser conocida por todos los vecinos.
Una figura muy conocida en el pueblo
El beo era, en muchos casos, un personaje popular dentro de la comunidad. Su presencia estaba ligada a los sonidos cotidianos del pueblo: el toque de campanas, los avisos de misa o el estruendo de la matraca en Semana Santa.
No era extraño que los vecinos reconocieran su labor con simpatía. De hecho, en algunos lugares se contaba que, tras hacer sonar la matraca, los amigos y conocidos brindaban con un vaso de vino “por el que tocaba la matraca”, celebrando la curiosa responsabilidad que tenía durante esos días.
Con el paso del tiempo, la figura del beo fue desapareciendo o integrándose en otras funciones parroquiales, pero su recuerdo permanece ligado a las tradiciones de la Semana Santa rural y al peculiar sonido de la matraca en lo alto de las torres.
