Los guanches de la Torre dell’Orologio de Venecia, por Julio Torres (y IV): Mi impresión personal frente a los guanches de bronce de la Plaza de San Marcos

Estar allí, en medio de la Plaza de San Marcos, y alzar la vista hacia lo alto de la Torre dell’Orologio produce una impresión difícil de explicar. Las figuras de bronce —esos “moros” que para un canario evocan inevitablemente a los antiguos guanches— parecen mirar desde otro tiempo, inmóviles pero cargadas de historia.
Verlos allí, elevados sobre Venecia, golpeando la campana que marca las horas de una de las ciudades más importantes del Renacimiento, provoca un estremecimiento extraño: es como encontrar un fragmento de Canarias en el corazón de Europa.
Desde abajo, el bronce ennegrecido parece piel curtida; las mazas, instrumentos rituales; las pieles que visten, casi tamarcos. Todo ello hace que por un momento uno sienta que los guanches no desaparecieron del todo, sino que quedaron, silenciosamente, vigilando una de las plazas más famosas del mundo. Es una sensación de cercanía inesperada, de orgullo, de conexión profunda con un pasado que sigue ahí, aunque sea en forma de metal.
