25 Aniversario «La Laguna Patrimonio Mundial»: Por Todos los Santos en La Laguna: «Lluvias, nieblas, humos y castañas». Por Julio Torres

Castañera en la Plaza Dr. Olivera. La Laguna 1940.
Con noviembre llegan las castañeras; vienen con Todos los Santos y dan al otoño lagunero un toque de espectralidad centroeuropea
Llegan las castañeras con sus factorías portátiles de niebla. Se instalan en una esquina y la tarde diáfana se vuelve fantasmal y algodonosa, fantasma de algodón, un humo errante. De pronto, parece que calle abajo va a aparecer un cura con paraguas, con sus negros hábitos.
A partir de octubre, La Laguna desde mi niñez se envuelve toda en niebla y nubes de humo de las castañeras. Parece qué sé yo, que por la calle La Carrera va a subir un cortejo de fantasmas y ánimas entre esas oleadas de humo. Las castañeras vierten niebla, y la noche se hace mágica. Vierten oleadas de niebla las castañeras, volutas de humo denso y suntuoso, con corporeidad de duende de una lámpara maravillosa, y la calle parece un escenario de tiempos pasados, de regidores y carruajes, de frailes y rezos monjiles.
Un año más, con su olla requemada, con su lecho de carbones al rojo, ahí están ya las castañeras otoñales, señoras del humo, administradoras municipales de la bruma, alquimistas callejeros que convierten al casco histórico en un bosque brumoso por el que parece que revolotean las hadas y brujas de otros tiempos.
Dentro de unos días diremos: ahí están las castañeras, mercaderes de otoño, para recordarnos que viene ya el jinete gélido de las espuelas de humedad lagunera, por así decirlo. Ahí están ya las castañeras para recordarnos que ya vamos para noviembre, en fin, que la vida pasa, pero también que la vida sigue, envuelta en niebla, volátil como el humo, que pronto contaremos de nuevo leyendas de vivos, muertos y ajusticiados tan características de estas fechas.
