La antigua imagen de Nuestra Señora del Pino regresa a su hornacina en la lagunera iglesia de San Benito Abad
Las labores de restauración de la talla, anónima de la segunda mitad del siglo XVI, han sido realizadas por la conservadora y restauradora de bienes culturales Verónica González Pérez
Intervención en la imagen:
Estado de conservación
Soporte
En general, el soporte de la obra, se encontraba en un buen estado de conservación, puesto que no presentaba daños en su estructura provocados por ataque de insectos xilófagos, ni presentaba pérdidas del mismo.
Al tratarse de una imagen sin ahuecar, y por el proceso de contracción- dilatación, sobre la imagen se han producido una serie de movimientos que le han ocasionado fisuras y pequeñas grietas de recorrido irregular.
Policromía
El principal deterioro que presentaba la policromía de la obra eran los repintes y repolicromados que la cubrían por completo como consecuencia de numerosas intervenciones sufridas a lo largo de su historia.
En el caso de las encarnaciones, encontramos, además de abundante suciedad acumulada, una capa de repinte y retoques de color que le conferían a la obra importantes irregularidades cromáticas que ocultaban una policromía en buen estado de conservación.
En cuanto a los ropajes, presentaba un repolicromado completo que ocultaba restos de un estrato inferior, encontrando zonas donde la capa de estuco aplicado a la obra en esta intervención adquiría un importante grosor que embotaba y ocultaba detalles de la propia talla.
Además, cabe destacar que en el caso del repolicromado que cubría el manto, encontramos que los elementos decorativos se aplicaron cubriendo otros ya existentes, siguiendo el mismo dibujo y colores y continuando en zonas donde ya no existía tal decoración con la elaboración de nuevos elementos.
Proceso de interveción
Tras la realización de las diferentes pruebas de solubilidad para determinar la compatibilidad de los materiales más adecuados a emplear, se llevó a cabo el proceso de recuperación de la policromía de la obra mediante la eliminación de las distintas capas de repintes, retoques de color y repolicromados que cubrían la imagen. Se trató de un proceso largo y complejo en gran parte de la obra debido a la presencia de las importantes y gruesas capas de estucos que la cubrían.
Una vez recuperada la policromía que se encontraba bajo las diferentes capas de pintura y masillas que la ocultaban, se llevó a cabo un tratamiento de reintegración de los volúmenes perdidos del estrato polícromo mediante la aplicación de una capa de preparación, con objeto de rellenar los huecos de la preparación perdida y hacer de base para la reintegración del color.
Tras la aplicación de una fina capa de intervención, se procedió a la reintegración cromática de las lagunas con el fin de integrar estéticamente la obra completando sus pérdidas de policromía.
El primer paso consistió en aplicar unas bases en tintas planas de manera generalizada, para a continuación, llevar a cabo el proceso de diferenciación visual mediante un pequeño rayado de distintos tonos (rigatino). Con esta técnica se consigue tanto la integración de las lagunas en el conjunto de la obra como su diferenciación del original, permitiendo reconocer de cerca la intervención. Para las zonas doradas se siguió el mismo proceso, aplicando una capa de bol rojo, para seguidamente continuar con el rayado de pigmento dorado líquido.
Finalmente, se procedió a la aplicación de un barniz que proporciona a la obra una capa de protección de comprobada estabilidad ante el paso del tiempo.
