¿Del pino o del racimo? La controvertida iconografía de una escultura de la Virgen con el Niño (y III)

¿Del pino o del racimo? La controvertida iconografía de una escultura de la Virgen con el Niño (y III)
Carlos Rodríguez Morales
(…) Lo cierto es que por ahora no podemos determinar qué porta realmente esta efigie de La Laguna. Tanto por su aspecto como por su simbolismo ambas opciones son razonables. Se puede sospechar, eso sí, que el título con el que al menos desde hace un siglo se le da culto deriva de su identificación con el fruto del pino. En cualquier caso, no sería necesario que la imagen incluyera un elemento explícito. La Virgen del Pino de Teror, por ejemplo, carece de un atributo iconográfico propio. Así que es posible que con anterioridad la escultura la Ermita de San Benito fuera conocida, citada y venerada con otra advocación. Esto debe tenerse presente al investigar sobre su historia previa a 1924, considerando que puede documentarse en otro lugar y con otro nombre.
A falta de un estudio formal más detenido y de deseables análisis técnicos que informen, por ejemplo, sobre el tipo de madera o la presencia de policromía original bajo el repinte ahora visible, proponemos valorar esta escultura como una obra de la segunda mitad del siglo XVI o, al menos, dependiente de modelos de raíz bajomedieval que tuvieron éxito en el quinientos. Más allá de su trazado, detalles poco habituales como las piernas cruzadas del Niño o la manera en la que pasa su mano derecha tras la cabeza de la Virgen, quedando oculta bajo el manto, remiten a soluciones presentes en las artes plásticas del último gótico y del renacimiento. Por citar, de nuevo, ejemplos en nuestro entorno, cruza las piernas el Niño que sostiene la Virgen de Montserrat de Los Sauces, en La Palma, considerada obra sevillana de finales de la centuria[1]. En el mismo templo se conserva una escultura de la Virgen de la Caridad, que se supone también hispalense del último tercio del siglo XVI, aunque reformada en 1634. Conforme a la actitud cariñosa que muestran algunas esculturas góticas, aquí Jesús la abraza pasándole su brazo derecho tras el cuello, de manera que queda oculto por su melena y apenas se ve parte de la mano. Este gesto remite a un icono mariano cuyo éxito devocional estuvo en sintonía con su eco iconográfico: una pintura de María Auxiliadora, conocida como la Virgen de Passau por venerarse en esta ciudad alemana. Podría prestarse atención también a la particular forma de trazar el cabello del Niño, resuelto mediante pequeñas ondulaciones.
Todo esto, la sencilla composición cerrada de la efigie, los pliegues angulosos de la túnica y del manto (particularmente en la parte inferior y en las mangas) y las facciones de la Virgen aconsejan descartar la datación que hasta ahora se ha planteado para esta obra: finales del siglo XVIII o, incluso, siglo XIX[2]. A mi juicio, podemos estar ante una interesante obra de la segunda mitad del siglo XVI. En cuanto a su procedencia, es arriesgado decantarse por un ámbito concreto. En las fechas que proponemos datarla se remitían asiduamente a Canarias piezas desde los Países Bajos y desde Andalucía. Además, en las islas trabajaron algunos artífices nórdicos y aquí se dejó sentir su influjo entre los artistas locales. Por todo esto las tres opciones serían factibles. Sin que la localización geográfica sea una cuestión menor, por ahora resulta más prudente acotar su iconografía y su ascendencia estilística, de raíz flamenca. Y además, descartada su datación tardía, verla con ojos nuevos como una posible reliquia del primer siglo de historia de la ciudad.
Agradecimientos: Diego Álvarez Sosa, Pablo F. Amador Marrero, Fernando Cova del Pino, Javier Hernández Carrillo, Eduardo Lamas-Delgado, Juan Alejandro Lorenzo Lima y Jesús Pérez Morera.
Bibliografía
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Constanza Negrín Delgado: «Santa Ana, la Virgen y el Niño», El fruto de la fe. El legado artístico de Flandes en la isla de La Palma. Madrid: Fundación Carlos de Amberes, Cabildo Insular de La Palma, pp. 217-222.
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[1] Pérez Morera [1994], p. 108.
[2] Riquelme Pérez, en su estudio sobre el recinto –publicado hace ya cuatro décadas–, la consideró la talla más antigua allí conservada y planteó que «puede encuadrarse dentro del estilo barroco de fines del siglo xviii» (Riquelme Pérez [1982], pp. 117-118). El decreto de declaración de la Ermita de San Benito como Bien de Interés Cultural la incluyó entre los bienes muebles vinculados, descrita como «escultura de bulto redondo, autor anónimo, siglo xix» (Boletín Oficial de Canarias, 16 de junio de 2007, p. 15001). Cioranescu en su Guía se limitó a citarla en la pared izquierda del templo (Cioranescu [1965], p. 240).
